Un amor de pelo atado - Luisa del Campo

La araña anida y eleva un muro de ecos. / Quedas suspendido en la memoria que elegí extraviar. // El pueblo trae sus secretos a mi ventana. / Lanzo la primera piedra / ante la mirada polvorienta de los incrédulos. / Por las puertas entreabiertas se cuela el conjuro de los muertos. /

Un amor de pelo atado - Luisa del Campo
Luisa del Campo




Luisa del Campo



Un amor de pelo atado





Sobrevivir a la muerte


Hay un cuerpo en Mar del Plata
derribado de indiferencia
de moral de espuma
de razones de humedal.

Hay un cuerpo arrastrado por el Ouse.
Los cerdos festinan
sus ojos escamados por el miedo.

Hay un cuerpo a la sombra del Sena
con dedos picoteados de amenazas
con ojos roídos de insomnio
con encías entintadas de plumas.

Hay un cuerpo deshilado de ternura.
Hay un cuerpo bendito de escupos.
Hay un cuerpo que flota en la maleza.

Las ratas chillan, hoy tienen carnaval.




Herida

Cuando procedo mal,
Anuarí castiga mis huesos,
atravesándolos del hielo de una carcajada sin dientes

TERESA WILMS MONTT

Detenerse en la costra de la tinta
en el vértice por donde escapó el olor de las hijas
el láudano de su blusa
los ojos rebosados de plegarias
el olor a pan quemado que derrama Veronal
el tic-tac de las raíces mullidas
el rugido insistente de las estrellas
la presa que rasguña la entraña
el vals marchito
el candelabro de velas ahogadas
la pulga de su soledad
la mañanita de la madre tejida de repudios
el libro dormido en el cajón de la celda
el caballo de galope taciturno
la huella del barro en sus tacones de agua
el aleteo de la mecedora
las alforjas cargadas de rayos.

La espina hiberna entre sus vértebras
hasta que la muerte trague su lengua
y las flores ardan en sus manos.




Marina

El mar se arquea de dolor.
Esquiva rocas tejidas.
Hunde voces calladas.
Enmudece cochayuyos descalzos.

El mar se deshila de espuma.
Ahuyenta lunas desgarradas.
Desgarra anclas pujantes.
Puja naves insomnes.

El mar se detiene en finales.
Esculpe caricias entreabiertas.
Entreabre razones plegadas.
Pliega soles sin memoria.

El faro, se retuerce de embates
con su sombra iluminada de muerte.




Antemortem

La mujer juega con su diente
lo columpia con el ritmo de su lengua
lo acuna con el ritmo de su mano
lo palpa con el ritmo de sus yemas.

Una raíz abandonó su lucha.
Una cavidad escondió su vergüenza.
Una encía aceptó su designio,
quiso la infancia morir en el hueco de carne y savia.

El navegante olvidó su puerto.
Los vientos lo empujan, giran en bandadas.
Hastiado de brújulas
enmarca sus ojos en un cielo fértil.
El abrazo del mar ocultó su aliento.
Sobre la tierra húmeda cae el diente en su desdicha.




Aguada

Tanteo pintar con el cuerpo
bendecirte en la tinta
develar la sombra.
Se me escapa tu confusa geometría.
Sacudo un océano de tu ombligo
el sudor de la mancha y su atadura
la asfixia de la curva
el vacío de esta tela y sus hilos
las hormigas entre mis dientes
las migajas y sus plumas.
Sacudo la amargura de la trementina
y su repentina violencia.
La entrelínea de tus piernas tizna el aire.
Gota a gota sucedo sin futuro.
Acurruco el pincel, renuncio a la forma.
Embisto la frontera del cobalto
y estallo en moscas azules.




Lecciones de vuelo

La araña anida y eleva un muro de ecos.
Quedas suspendido en la memoria que elegí extraviar.

El pueblo trae sus secretos a mi ventana.
Lanzo la primera piedra
ante la mirada polvorienta de los incrédulos.
Por las puertas entreabiertas se cuela el conjuro de los muertos.

Miente el joven con su ferviente hastío.
Miente el hombre con su deseo insomne.
Miente la madre con su ardor congénito.

En cada palabra busco mi redención
en la redención encuentro mi designio
en los designios sobrevivo a tu muerte.

Subo los peldaños donde elegiste nacer.
La cuerda que exprimió tu suspiro
es el cordón que no pude cortar.

Te absuelvo de mi balcón afiebrado de rencor.
El dolor encostrado en la espuma de una cerveza
recorre los restos de tu naufragio.

No levantes un monumento
dicen que hacer algo grandioso está sobrevalorado.




Muertes cotidianas

Mira bajo la cama donde se acumulan las piedras. Escucha los pasos del vacío que apagan el día, el día de la carrera en que llega última, la última copa de coñac, el coñac que tiñe el mantel de ámbar, el ámbar derramado en el escote, el escote del jaque mate, el jaque mate de la muerte, la muerte que puja entre sus piernas, las piernas sembradas de venas, las venas que florecen en la tibieza del agua, el agua en el surco de tierra, la tierra devorada en el cuero de los botines, los botines que se lleva el mar, el mar que arquea el vientre, el vientre donde la cabeza aposa un hueco, el hueco que dejó el diente de leche, la leche donde brota la nata, la nata que se cuela en la boca, la boca que despertó el latido, el latido de la jaqueca, la jaqueca que la envolvió en cenizas, las cenizas de la casa, la casa doblada por el temblor, el temblor donde palpita el miedo, el miedo a crecer, el crecer de las hijas, las hijas sin compañía, la compañía del silencio, el silencio de las muñecas, las muñecas enterradas en la vergüenza, la vergüenza de lo callado, lo callado del beso, el beso en la costra de la bicicleta, la bicicleta por donde pedaleó la infancia, la infancia en un hervor de mermelada de rosas, rosas que traicionan sus mejillas, la mejilla que clava el beso del padre, el padre que cavó un nicho, el nicho donde sepultó su sueño, el sueño envenenado en la cartera, la cartera que perdió en el hotel, el hotel donde fumó el último cigarro, el cigarro después del sexo, el sexo que despertó la manzana encendida, la manzana encendida del amante, el amante que entibia los huesos, huesos para continuar la dieta, dieta que apagó el brillo, el brillo perdido bajo unos tacones, tacones que arrastran la silueta, la silueta del carmín, el carmín camuflado entre los labios, los labios húmedos de miedo, miedo de la nostalgia, la nostalgia oculta en el perfume, el perfume de la lluvia, la lluvia marchita de un último encuentro, el encuentro con el insomnio, insomnio deletreado en la receta, la receta del pastel de choclo, el choclo que voló un diente, el diente sumergido en el coñac, el coñac murmurando adentro de la cartera, la cartera que no llegó a casa, la casa arrastrada por el mar, el mar bañado de rosas, un rosal en la mejillas de la vergüenza, la vergüenza de jugar con muñecas, las muñecas que flotan en el agua, el agua que lava el sexo, el sexo en silencio, el silencio de las olas que se acunan entre las piernas, las piernas dormidas por un mal sueño, el sueño con sal en la boca, la boca que besa una gota de lluvia, la lluvia que arrastra el estertor, el estertor que contagia el miedo, el miedo al galope de los tacones, los tacones de las hijas, las hijas se crían sin madre, la madre a la deriva sobre la bicicleta, la bicicleta que rompió un par de botines, los botines donde apagó el cigarro, el cigarro para hacer la dieta, la dieta y el abrazo del nicho, el nicho dulce de la infancia, la infancia sucia en un hotel, el hotel donde se detuvo un beso, el beso del último encuentro, el último encuentro con una silueta, la silueta de un amante, el amante que abraza su vientre, el vientre donde tatuó el jaque mate, el jaque mate que develó la noche, la noche donde dejó caer la leche, la leche derramada en la receta, la receta escondida en un hueco, el hueco en el choclo, el choclo en la tierra, la tierra bañada de sudor, el sudor del pánico, el pánico cuajado entre las venas, las venas que zurcen los labios, los labios húmedos de carmín, el carmín que viste los huesos, huesos tibios por la compañía, la compañía de su estola, la estola y su temblor, el temblor de la nata, la nata para crecer, crecer como manzana encendida, manzana encendida del latido, el latido que la envolvió en cenizas, las cenizas flotando en el coñac, el coñac y su perfume, el perfume de la muerte, la muerte que te roba la sábana al amanecer.





***




Luisa del Campo

(Talagante, 1977). Psicóloga clínica, narradora y poeta chilena. Es magíster en Creación Literaria por la Universidad de Salamanca, España. Se desempeña, además, como correctora de textos y talleres de escritura creativa.
En 2017 publicó el libro de microficción Escisión (Ediciones Asterión). Sus cuentos han aparecido también en las antologías El ojo de Lilith, antología de microficcionistas chilenas (Ediciones Sherezade) y ¡Basta! + de 100 cuentos contra el abuso infantil (Ediciones Asterión).
En 2023 publicó su primer poemario, Un amor de pelo atado (Editorial Cuarto Propio).