Mujer en sombra - Valentín Navarro Viguera
A una mujer en sombra y expresión apagada / el tiempo le ha robado la memoria, / los sueños y la luz de los sueños. / De una mujer de fuego solo quedan las brasas, / tibio sol de otras horas / como ascuas que soplara tenue el viento. /
Valentín Navarro Viguera
Mujer en sombra
SOLAZ
No estaría de más sentarse al borde
de la tarde y dejar pasar un día
y ver caer la noche y poner precio
a cuánto cuesta estar sin hacer nada,
para hacer caso omiso a los zapatos sucios
y a la vejez de las camisas viejas
con las arrugas propias de los años,
suicidadas en perchas, como nuevas,
comer lo que primero tenga a mano
(si es la tuya, mejor), olvidar el teléfono,
poner el automático y en claro
la conciencia de ser la real fábrica
de monedas ganadas con fatiga
y ejerciendo el oficio más antiguo del mundo,
el de la puta vida, el del sudor y el fuego
de piras que arden para ignotos ídolos
de carne y hueso y solo hueso y carne,
los que de tan oscuros desconocen
a qué huele una palabra abriéndose en el verso.
MERCAR
Cuando te bajen a la calle y hablen
de lo cara que está la vida
y el carnicero impregne su hacha
de fragancias de muerte
al costillar, metáfora de carne
y huesos del alma tuya,
cuando en la frutería esté a buen precio
las verduras en crisis de las eras
y tus ojos maduros como un fruto
caigan rodando por el suelo
y besen la hojarasca de los árboles
que lloran sin consuelo
su destino de otoño,
cuando el pan alimente vuestras bocas
famélicas de vida, en estos tiempos
que corren hacia el mar
o a la pescadería del morir
donde asusta el descaro,
la crudeza y frialdad de que presumen
estos hijos simbólicos de Cristo,
sísifos o salmones que has pagado
con el mismo puñado de monedas
que Judas Iscariote
depositó en el banco a plazo fijo,
cuando la bolsa esté llena
te enterarás de lo que vale un peine
que alise los cabellos
y te ponga bien guapo,
cuando todo esté a punto
(la carne y el pescado, con su postre)
para la última cena
con la que nunca falta a su palabra.
ANGUSTIAS
La muerte es un instante, un parpadeo
visto a cámara lenta, parecido
al recuerdo de una hoja desprendida
al viento de su rama, un caer suave
como caen de un plumazo sobre el polvo
los inocentes cuerpos sin oxígeno.
Ceder unos segundos a la muerte
es pagar intereses para toda la vida
y entrar en prestigiosas listas de los más muertos.
Ya no se muere —dicen— como se moría antes.
El protocolo exige avisar con tiempo suficiente,
ir a la última fiesta de corbata
y dejar los papeles bien firmados.
Ahora, cuando siempre será un antes
y un después en honor a la memoria,
morir está dejando de ser bello
y ha perdido su encanto ante las cámaras.
MAÑANAS DE DOMINGO
No lo quería hacer pero el domingo
tocado de campanas iba a misa
en una hora en que al buen señor rezaba
y pedía limosnas y a Dios gracias
y por esto y por lo otro y por dejarme
ciertas noches de insomnio en la retina
y sin padre y con frío junto al cuerpo
que se ama por los siglos de los siglos,
aunque asista al banquete donde tomo,
como y bebo la paz de mis hermanos.
Pero yo estoy tocado de bulimia
como tú de sordera a semejanza
e imagen de tus hijos que no escuchan
tu famosa salmodia de ir en paz.
Amén, señor, y gracias por dejarme
a mi madre en el limbo del olvido
y entre la espesa niebla de un recuerdo
que quizás nunca pueda recordar.
Amén, señor. Recuerda que también
yo padezco de alzhéimer y como ella
jamás haré memoria de tu nombre
entre las azucenas olvidado.
MUJER EN SOMBRA
A una mujer en sombra y expresión apagada
el tiempo le ha robado la memoria,
los sueños y la luz de los sueños.
De una mujer de fuego solo quedan las brasas,
tibio sol de otras horas
como ascuas que soplara tenue el viento.
Pero poco podrá darle al olvido,
poco o nada a la muerte,
pues ha vivido y eso cuento mucho
y poco o nada tiene más que lo que ha sentido
esta mujer de sombra vivir lúcidamente,
esta mujer que siente áspero el tiempo crudo.
Esta mujer que no recuerda cómo
jugaba entre princesas ni cuándo fue feliz
cuando ya no era un juego la casa de muñecas,
esta mujer que olvida hasta su rostro
con lágrimas que sabe que no fueron de pena,
esta mujer setenta veces sabia
no repite la historia como fue
sino como tendría que haber sido
y escucha cómo crece en los campos las plantas
nevadas de algodón y de vejez
con que las hilanderas tejerán su destino.
SOLEDAD
Soledad, hasta el tuétano y los huesos
lames, hija de perra, pacientemente.
Tú,
que devoras toda compañía,
un débil enemigo te buscaste,
que anidas en el puro corazón
del hombre puro y matas, soledad,
de pura pena al aire amordazado
de silencio y soledad ramera.
Hija de puta, olvídate de mí
y alivia esta pesada carga y fría.
Soledad, nombre de mujer, maldita
seas, maldita tú y tu sombra larga
que se abre hueco entre infinitos cuerpos
derrotados.
CANCIÓN PARA DORMIR A UN MUERTO
Lloro para que no se muera el mar,
mi padre el mar, el mar.
LEÓN FELIPE
Como un faro de luto eran tus ojos,
negros, y se quedaron blancos, secos,
como cuencas vacías de cráneos
que brillan con la luna llena a oscuras,
al son de las mareas de las noches
sin sueños. Y en los huesos te quedaste
con tus dos lunas nuevas y en la muerte
callando, callandito, como callan
los muertos si no tienen de qué hablar,
como encallan los cuerpos en la orilla
del mar, solos, solitos, sin esposa
ni nietos que abrazar y con un hijo
lleno de lágrimas y sal, solo, huérfano,
huerfanito, y con sangre de salitre
como las casas de los viejos lobos
que se mueren mirando hacia la mar.
-De lo visible, lo invisible, Palimpsesto, Sevilla, 2015.
***
Valentín Navarro Viguera
(1979). Profesor y Doctor en Literatura Española. Como crítico literario, publica artículos y reseñas en revistas especializadas. Es miembro de la Red Iberoamericana de Teoría y Estudios Literarios. Colaborador de Mercurio y JotDown. Ha publicado los ensayos El pensamiento poético de Leopoldo de Luis (Universidad de Sevilla y Córdoba, 2015) y Hacia la Obra Poética Total: la poesía de Manuel Ángel Vázquez Medel (Alhulia, Granada. 2025).
Como poeta, ha publicado los libros de poesía De lo visible, lo invisible (2016), Nosotros en la tierra (2018), la plaquette Septiembre (2020), Aquella luz entonces (2023) y Movimientos de luz (2024). Aparecen sus poemas en las antologías Humuvia (2023) y Para sitiar el asombro (2024). Ha recibido el Premio Internacional de Poesía Rafael Suárez Plácido, el Premio de Poesía Isabel Ovín, el Premio Internacional de Poesía Asterión y el accésit al XI Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador.