Mal de ausencia - Luis Alberto de Cuenca

Cuando vivías en la Castellana / usabas un perfume tan amargo / que mis manos sufrían al rozarte / y se me ahogaban de melancolía.

Mal de ausencia - Luis Alberto de Cuenca
Luis Alberto de Cuenca

Mal de ausencia

 

 

 

AMOUR FOU

 

Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes.

Lo deciden un día, mientras los cortesanos

discuten sobre el rito de alguna ceremonia

que se olvidó y que debe regresar del olvido.

Los reyes se enamoran de sus hijas, las aman

con látigos de hielo, posesivos, feroces,

obscenos y terribles, agonizantes, locos.

Para que nadie pueda desposarlas, plantean

enigmas insolubles a cuantos pretendientes

aspiran a la mano de las princesas. Nunca

se vieron tantos príncipes degollados en vano.

 

Los reyes se aniquilan con sus hijas más jóvenes,

se rompen, se destrozan cada noche en la cama.

De día, ellas se alejan en las naves del sueño

y ellos dictan las leyes, solemnes y sombríos.

 

 

 

LA HERIDA

 

Nada, ni el sordo horror, ni la ruidosa

verdad, ni el rostro amargo de la duda,

ni este incendio en la selva de mi cuerpo

que amenaza con no extinguirse nunca,

ni la terrible imagen que golpea

mis ojos y tortura mi cerebro,

ni el juego cruel, ni el fuego que destruye

esa otra imagen de armonía y fuerza,

ni tus palabras, ni tus movimientos,

ni ese lado salvaje de tu calle,

impedirán que encienda en tu costado

la luz que da la vida y da la muerte:

tarde o temprano sangrará tu herida,

y no será momento de hacer frases.

 

 

 

SOBRE UN TEMA DE J.M.M.

 

No quiero ser feliz. Estoy enfermo

de haberlo sido tanto. Me fastidia

que la gente me quiera y que los dioses

me protejan. Renuncio a ser el centro

de las fiestas y a todos los poderes

que el dinero y la sangre proporcionan.

No quiero verte al lado, en la cabina

de mi coche, dorada y sonriente,

previendo mis deseos más ocultos.

No me divierte ya que mis amigos

celebren la blancura de tus manos.

Detesto las victorias, y los viajes

al más allá, y la daga del ingenio,

y el amor, y el jardín de la alegría.

Quiero la opacidad y la tristeza

que da el dolor, y la desesperanza.

Me está matando tanta dicha junta.

 

 

 

LA MENTIROSA

 

Tienes hora para ir al ginecólogo,

te duele la cabeza, te ha sentado

algo mal o preparas un examen,

es el santo de Marta, los gemelos

se aburren sin salir o Macarena

te ha invitado a bañarte en su piscina...

¡Qué mal mientes, amor! Si no te gusto,

dímelo. Pensaré en un buen suicidio.

Pero si quieres verme, y tus excusas

no son más que un vulgar afrodisíaco

para que se mantenga mi deseo,

invéntate otros juegos, vida mía,

que el premio del engaño es el olvido.

 

 

CUANDO VIVÍAS EN LA CASTELLANA

 

Cuando vivías en la Castellana

usabas un perfume tan amargo

que mis manos sufrían al rozarte

y se me ahogaban de melancolía.

Si íbamos a cenar, o si las gordas

daban alguna fiesta, tu perfume

lo echaba a perder todo. No sé dónde

compraste aquel extracto de tragedia,

aquel ácido aroma de martirio.

Lo que sé es que lo huelo todavía

cuando paseo por la Castellana

muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,

y me sigue matando su veneno.

 

 

 

MAL DE AUSENCIA

 

Desde que tú te fuiste, no sabes qué despacio

pasa el tiempo en Madrid. He visto una película

que ha terminado apenas hace un siglo. No sabes

qué lento corre el mundo sin ti, novia lejana.

 

Mis amigos me dicen que vuelva a ser el mismo,

que pudre el corazón tanta melancolía,

que tu ausencia no vale tanta ansiedad inútil,

que parezco un ejemplo de subliteratura.

 

Pero tú te has llevado mi paz en tu maleta,

los hilos del teléfono, la calle en la que vivo.

Tú has mandado a mi casa tropas ecologistas

a saquear mi alma contaminada y triste.

 

Y, para colmo, sigo soñando con gigantes

y contigo, desnuda, besándoles las manos.

Con dioses a caballo que destruyen Europa

y cautiva te guardan hasta que yo esté muerto.

 

 

 

LA MALCASADA

 

Me dices que Juan Luis no te comprende,

que sólo piensa en sus computadoras

y que no te hace caso por las noches.

Me dices que tus hijos no te sirven,

que sólo dan problemas, que se aburren

de todo y que estás harta de aguantarlos.

Me dices que tus padres están viejos,

que se han vuelto tacaños y egoístas

y ya no eres su reina como antes.

Me dices que has cumplido los cuarenta

y que no es fácil empezar de nuevo,

que los únicos hombres con que tratas

son colegas de Juan en IBM

y no te gustan los ejecutivos.

Y yo, qué es lo que pinto en esta historia?

Qué quieres que haga yo? Que mate a alguien?

Que de un golpe de estado libertario?

Te quise como un loco. No lo niego.

Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo

era una reluciente madrugada

que no quisiste compartir conmigo.

La nostalgia es un burdo pasatiempo.

Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,

píntate más, alisa tus arrugas

y ponte ropa sexy, no seas tonta,

que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,

y tus hijos se van a un campamento,

y tus padres se mueren.

 

 

 

MI MONSTRUO FAVORITO

 

Qué va a pasar cuando mi novia sepa

que no puedo vivir sin tus pseudópodos,

sin tu horrible humedad en mi bolsillo.

Qué va a pasar cuando descubra un día

las huellas de tu baba entre mis dedos,

y empiece a hacer preguntas, y la rabia

y los celos se agolpen en sus ojos,

y yo confiese al fin que la he engañado contigo,

y que no puede comparársete,

y te enseñe orgulloso el agua sucia

donde se reproducen nuestros hijos.

Qué va a pasar cuando no entienda nada

y nos denuncie a Sanidad.

 

 

 

LA VENUS DE WILLENDORF

 

Entre las chicas norteamericanas

que estudian español en la academia

de enfrente de tu casa, hay una gorda

que es igual que la Venus de tus sueños.

Bajo una camiseta de elefante

que pone «University of Indiana

(Jones)» y unos pantalones de hipopótamo,

se mueve por el mundo con el arte

que le da su ascendencia mitológica.

Hace ya varios días que vigilo

desde el balcón su cuádruple barbilla

y el sol dorado de su cabellera.

Hace ya varios días que le envío,

cuando se pone a tiro de mis ojos,

dardos de amor y flechas de deseo.

Pero no llegan nunca a su destino.

 

 

 

TIEMPOS DIFÍCILES

 

Era todo tan triste y tan absurdo.

No vivías apenas. Te colgabas

de la pared de la melancolía

y veías pasar las lentas horas

que hacia nada conducen y hacia nunca.

Las mujeres te habían retirado

su protección, los dioses su asistencia

y la literatura su cobijo.

Fueron tiempos difíciles aquéllos.

 

 

 

EL OLVIDO

 

La olvidé. Por completo. Para siempre

(o eso creía entonces). Me cruzaba

con ella por la calle y no era ella

quien se paraba ante un escaparate

de ropa deportiva, no era ella

quien compraba el periódico en un quiosco

y se perdía entre la muchedumbre.

Como si hubiera muerto. No era ella.

Su nombre era el de todas las mujeres.

 

 

 

EL DESAYUNO

 

Me gustas cuando dices tonterías,

cuando metes la pata, cuando mientes,

cuando te vas de compras con tu madre

y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

y me cubres de besos y de tartas,

o cuando eres feliz y se te nota,

o cuando eres genial con una frase

que lo resume todo, o cuando ríes

(tu risa es una ducha en el infierno),

o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

no puedo resistir lo que me gustas,

cuando, llena de vida, te despiertas

y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».

 

 

 

EL FANTASMA

 

Se pasaba las noches de su muerte

arrastrando cadenas por el lóbrego

caserón que le fuera destinado.

Al despuntar el alba se dormía,

hecho un ovillo con su propia sábana.

Todos habían muerto ya: sus padres,

las mujeres que amó cuando era joven

y la que envejeció con él, los dioses

de su infancia, los viejos camaradas.

Qué habría sido de ellos. En qué mundo

asustarían a la gente. Cuándo

volvería a abrazarlos, aunque fuese

muerto, de noche y con aquella facha.

 

 

 

CUANDO PIENSO EN LOS VIEJOS AMIGOS

 

Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido

de mi vida, pactando con terribles mujeres

que alimentan su miedo y los cubren de hijos

para tenerlos cerca, controlados e inermes.

Cuando pienso en los viejos amigos que se fueron

al país de la muerte, sin billete de vuelta,

sólo porque buscaron el placer en los cuerpos

y el olvido en las drogas que alivian la tristeza.

Cuando pienso en los viejos amigos que, en el fondo

del mar de la memoria, me ofrecieron un día

la extraña sensación de no sentirme solo

y la complicidad de una franca sonrisa...

 

 

 

COLLIGE, VIRGO, ROSAS

 

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.

Córtalas a destajo, desaforadamente,

sin pararte a pensar si son malas o buenas.

Que no quede ni una. Púlele los rosales

que encuentres a tu paso y deja las espinas

para tus compañeras de colegio. Disfruta

de la luz y del oro mientras puedas y rinde

tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico

que va por los jardines instilando veneno.

Goza labios y lengua, machácate de gusto

con quien se deje y no permitas que el otoño

te pille con la piel reseca y sin un hombre

(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.

Y que la negra muerte te quite lo bailado.

 

 

 

VOY A ESCRIBIR UN LIBRO

 

Voy a escribir un libro que hable de las (poquísimas)

mujeres de mi vida. De mi primera novia,

me enseñó el amor y las puertas secretas

del cielo y del infierno; de Isabel, que se fue

al país de los sueños con el pequeño Nemo,

porque aquí lo pasaba fatal; de Margarita,

recordando unos jeans blancos y unos lunares

estratégicamente dispuestos; de Ginebra,

que le dejó a Lanzarote plantado por mi culpa

y fundó una familia respetable a mi costa;

de Susana, que sigue tan guapa como entonces;

de Macarena, un dulce que me amargó la vida

dos veranos enteros; de Carmen, que era bruja

y veía el futuro con ojos de muchacho;

de la red que guardaba los cabellos de Paula

cuando me enamoré de su melancolía;

de Arancha, de Paloma, de Marta y de Teresa;

de sus besos, que izaron la bandera del triunfo

sobre la negra muerte, y también de su helado

desdén, que recluyó tantas veces mi espíritu

en la triste mazmorra de la desesperanza.

Voy a escribir un libro que hable de las mujeres

que han escrito mi vida.

 

 

 **

 

 

Luis Alberto de Cuenca

(Madrid, España, 1950). Poeta, traductor, académico y ensayista. Interrumpió los estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid para licenciarse en Filología Clásica. Su poesía se caracteriza por cultivar tanto las formas clásicas como modernas. Fue director de la Biblioteca Nacional y Secretario de Cultura del gobierno español. Entre sus obras destacan: Los retratos, 1971; Necrofilia, 1983; La caja de plata (Premio Nacional de la Crítica), 1985; El otro sueño, 1987; El hacha y la rosa, 1993; Insomnios, 2000; Los mundos y los días (Poesía completa), 2002; Hola, mi amor, yo soy tu lobo (Antología), 2008, El reino blanco, 2010. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas e incluida en diversas antologías de la poesía hispanoamericana. El 2009 recibió el Premio de Poesía Manuel Alcántara en su XVII edición por su poema Paseo vespertino. En 2025 obtuvo el Premio Reina Sofía.