Libros para un centenario. Ernesto Cardenal - Por María Ángeles Pérez López

En enero de 2025, con motivo del centenario de Ernesto Cardenal, se difundieron o publicaron varias novedades bibliográficas de gran interés que se analizan en el presente trabajo.

Libros para un centenario. Ernesto Cardenal - Por María Ángeles Pérez López
Ernesto Cardenal

María Ángeles Pérez López
Universidad de Salamanca

 

RESUMEN 

En enero de 2025, con motivo del centenario de Ernesto Cardenal, se difundieron o publicaron varias novedades bibliográficas de gran interés que se analizan en el presente trabajo. La más relevante es la publicación de la Poesía completa en Espasa Poesía que ha prologado Elena Poniatowska y tiene una introducción de Remedios Sánchez. De envergadura también ha sido la publicación de Prosas dispersas, con prólogo de Luce López-Baralt, introducción de Juan Carlos Moreno-Arrones Delgado y pódcast de Niño de Elche, que ha publicado la Fundación Banco Santander. Por su parte, el músico Niño de Elche ha escrito Conversaciones con un monje de madera (Espasa Poesía) a raíz de su diálogo creativo con una escultura de Cardenal. En el apartado crítico, Jorge Eduardo Arellano ha compilado el volumen de estudios titulado Mito y verdad de Ernesto Cardenal: en su centenario.

Celebrar el centenario de Ernesto Cardenal fue una gran alegría porque nos asistió la convicción de hallarnos ante un poeta de la totalidad y pudimos reflexionar sobre cuánto dice su obra a nuestro presente. Poesía cósmica y mística, marcada por la impronta del amor y la revolución, que es también el amor a la revolución en su raíz ecologista, indígena, cristiana y científica, aunque aquí no se agoten los términos posibles.

El 20 de enero de 2025 las redes se llenaron de poemas de Ernesto Cardenal recordados desde múltiples ángulos y geografías. La poesía tuvo lugar predominante, pero también referencias a la historia, la filosofía, la ciencia, el estudio de las religiones, la presencia de la mística. Los epigramas, con su contenida forma verbal se ajustaron a la brevedad que piden los formatos digitales, pero también resonaron, una y otra vez, los conocidos versos finales de “Oración por Marilyn Monroe”:

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río,
la recepción en la mansión del duque y la duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)
¡contesta Tú el teléfono!

Habiendo pasado tantas décadas, hay poemas cardenalianos que han ido adquiriendo cada vez más matices y resonancia. Y sigue siendo clave acercarse desde la perspectiva del presente a las grandes cuestiones que el autor fue abordando y muy en especial, a la vocación de futuro de una propuesta que no se agotó el 1 de marzo de 2020 con su muerte. De ello dan cuenta, de modo potente y distinto, varias publicaciones que tuvieron lugar con motivo del centenario y voy a considerar, aunque sea brevemente, para celebrar al poeta de la totalidad.

En el prefacio a esta edición de 1280 páginas publicada en enero de 2025 por Espasa Poesía, ha escrito Elena Poniatowska —Premio Ernesto Cardenal de Literatura 2024— que “es un lugar común repetir que la palabra es un arma, pero en el caso de Ernesto Cardenal, la poesía vino a completar la palabra ‘pueblo’” (p. 8).

Cuando el 20 de enero de 2020, coincidiendo con el cumpleaños de Ernesto Cardenal presentamos en Casa de América, en Madrid, la Poesía completa que había publicado Trotta unos meses antes y cuya edición me encargué de preparar, ya señalé que nos hallábamos ante una obra que no podía cumplir con su título porque, de un lado, el autor no había querido incluir algunos textos iniciales por considerarlos solo poemas de juventud, y por otro, teníamos la alegría de que siguiera escribiendo. Se trataba, entonces, de la compilación más completa hasta la fecha.

Ese mismo día de su cumpleaños, el poema inédito “Lo visible y lo invisible” fue compartido por el poeta en la fiesta de cumpleaños en su Nicaragua natal. Saberlo en la escritura fue un motivo de celebración verdaderamente grande.

La nueva Poesía completa ha estado al cuidado de la profesora Remedios Sánchez, quien señala la importancia y calidad de la obra cardenaliana y concluye advirtiendo de aquellas características centrales del autor:

Intertextualidad y paráfrasis de lo culto y lo popular (desde el eslogan publicitario a un tópico popular), diálogo con la tradición, actualización científica; es decir, tradición y modernidad, palabra machadiana heredada en el tiempo, dándose la mano y llevadas hasta sus últimas consecuencias con un fondo imperecedero: el Amor con mayúsculas. Este es su testamento vital e inagotable. He aquí el inmenso legado de Ernesto Cardenal para la eternidad. (p. 18)

La obra se dispone en Epigramas, Hora 0, Gethsemani, Ky, Salmos, Poemas documentales, Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, “Poemas sueltos (no recopilados en libro)”, El estrecho dudoso, Pasajero de tránsito (Poemas de viajes), Los ovnis de oro, Canto nacional, Coplas a la muerte de Merton, “Dos epístolas”, Oráculo sobre Managua, Cántico cósmico, Telescopio en la noche oscura, Versos del pluriverso y En el camino de Emaús (Poemas de resurrección).

Este último libro fue publicado en Managua por anamá en marzo de 2020, a la muerte del poeta, y llevaba como texto de la contracubierta unas palabras de Luce López-Baralt, gran conocedora del autor y Premio Ernesto Cardenal de Literatura 2023. Lo forman los últimos cinco poemas cardenalianos: “Así en la tierra como en el cielo” (2 de octubre de 2017), “Hijos de las estrellas” (4 de octubre de 2018), “Estamos en el firmamento” (28 de marzo de 2019), “Con la puerta cerrada” (11 de junio de 2019) y “Lo visible y lo invisible” (20 de enero de 2020). Los cuatro primeros habían sido publicados en la edición de Trotta bajo el título de Hijos de las estrellas y junto al poema “Lo visible y lo invisible”, conforman el libro En el camino de Emaús. A “Lo visible y lo invisible” me gustaría volver para analizar las versiones previas y así proponer una entrada en el taller Cardenal, pero ahora resulta imperioso indicar la singularidad del poema, que abrazaba cósmicamente no solo la obra previa del autor sino también a quienes lo han ido acompañando a lo largo de su fecunda vida y por extensión, a la humanidad como deseo y posibilidad de amor:

LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

Otra vez en mi poesía los números pavorosos
el abismo que pasmó a Pascal
galaxias y galaxias en todas direcciones
muchas tan lejos que no se ven con telescopio
100.000.000. o 10.000.000.000 estrellas
nuestra Vía Láctea 200 billones de ellas
la más cercana a mil años luz

Si la galaxia fuera del tamaño de Austria
la otra más cerca sería Australia
así son las distancias
Millones de galaxias y billones de estrellas
alejándose a pesar de la gravedad
Mi mayor error dijo Einstein

Universo lleno de galaxias
galaxias llenas de estrellas
y estrellas con planetas
y en un planeta nosotros
(nada de esto existía)

Como una isla en el espacio cada galaxia
El Sol estrella ordinaria
de entre una multitud de estrellas
de una galaxia ordinaria
entre una multitud de galaxias ordinarias

Donde hay estrellas hay planetas
con animales galácticos en evolución
Dondequiera estrellas de remotos pasados
Y civilizaciones no todas al mismo tiempo
(¿qué nos dirán de Dios?)
Tal vez alguien en algún sitio
queriendo comunicarse con nosotros
El Big Bang:
Cuando fue de un milímetro de ancho…
Y un instante después de un kilómetro
bola de fuego enfriándose a la velocidad del rayo
Después seres sin vida tuvieron vida
El gran salto de inerte a vivo
Nadie imaginó nunca que hubiera microbios

La religión del futuro es la evolución
En un mundo en evolución
es más fácil creer que hay Más Allá:
un mundo no definitivo sino creación constante

La evolución no termina y no somos el pináculo
sin llegar aún al fin de la historia

Después de todo ¿qué es la realidad?
el universo no existe fuera de nosotros
los colores que vemos están en nuestro cráneo
tus manos que tocan están en tu mente

Y la probabilidad es parte de la realidad
Realidad que se oculta al niño
“Tu papá no vino porque está de viaje”

[…]

La nueva matemática:
Uno más uno no es dos
sino uno
La salvación no es de uno sino de todos juntos
concluida la creación
El mundo imperfecto porque se está haciendo
El inventor de la rueda también es Dios
Un restaurante es sacramento y un taxi tiene una función
pero nos quiere despreocupados como los pájaros

Este mundo no tiene sentido si no hay otro
Vida después de la muerte
Dios de Abraham etc.
(Jesús a los Saduceos)
Dios de vivos y no de muertos
“Soy” –no “Fui”
y dijo el campesino de Solentiname:
“La gran noticia de que los muertos están vivos”
Ante la inevitable muerte ¿no​
es necesaria la inmortalidad?
somos seres espirituales en un cuerpo material​
cuerpo material con conciencia inmaterial
no somos el final ni la meta de la evolución

De seres microscópicos procedemos
De la ameba a nosotros una sola historia
Extraterrestres no están en la Biblia
Pero su encuentro nos acercaría a Dios
Carbón y agua bastan para la vida​
y podrá haber vida dondequiera
La vida engendró vida
¿Qué produjo la primera vida?

[…]

La gran inmensidad un punto pequeñísimo
De una nada vacía nació todo
Si las galaxias se alejan estuvieron juntas
Cuando el universo era menor que un átomo…

¡Tantas coincidencias para que hubiera vida!
¿Y la vida son meras coincidencias?
El universo nos produce atracción y terror
pudiendo ver solo el observable
Incomprensible que sean comprensibles
dijo Einstein

La primera tecnología fue el fuego
El invento del fuego los alegró
Separándolos más de los animales
Haciéndolos un animal social
el fuego fue la primera unión
y con el fuego el primer lenguaje
la maravilla de poder hablar
sentados juntos hablaron mejor
Lenguaje también para hablar con Dios

(pp. 1259-1264)

La edición, que cuenta con un código QR final para acceder a la página de la Fundación Ernesto Cardenal, es muy manejable a pesar de la extensión y permitirá adentrarse en su obra a quienes no lo han leído y recordar (volver a pasar por el agotado corazón de este siglo xxi) a quienes ya conocían su inmensidad, cuántos ángulos nuevos y poemas relevantes ofrece esta, ya sí, Poesía completa.

Prosas dispersas de Ernesto Cardenal, impresa en diciembre de 2024 y difundida en enero de 2025, reúne textos que el poeta preparó para su compilación antes de morir y ha editado la colección “Obra fundamental” de la Fundación Santander. En el prefacio que antecede al libro, afirma luminosamente Luce López-Baralt que aunque el escritor tituló el primer tomo de su autobiografía Vida perdida, su vida fue “ganada para la literatura y también para la posteridad y para el mundo, porque el inmenso legado de Ernesto Cardenal es hoy patrimonio de todos” (p. xxi). En cuanto a la introducción, ha sido realizada por Juan Carlos Moreno-Arrones, doctor en Filología Hispánica.

A lo largo de 456 páginas se reúnen breves ensayos, crónicas y textos de naturaleza autobiográfica que abarcan los principales aspectos de una vida y una obra proteicas, amplias y diversas. Son unos cincuenta textos en prosa y un cuento breve, “El sueco”. En su gran mayoría de trata de textos inéditos. Permiten completar un itinerario biobibliográfico apasionante y lleno de matices y desde su lectura puede apreciarse mejor el peso de la contribución de Cardenal a los grandes debates de su tiempo (nuestro tiempo en más de un sentido), siendo siempre su obra poética la que ocupa un lugar preeminente.

Se organizan los textos en varios grandes apartados: “Espiritualidad”, “Arte y literatura”, “Ecología”, “Disertaciones”, “Miscelánea” y el cuento “El sueco”.

Son apasionantes las semblanzas. Así Lao Tse, a quien llama “profeta de Cristo”, en un acercamiento interreligioso que revisa sus propias bases para proponer una fusión que lleve hacia la última realidad tras el universo, llamada Dios, todopoderoso y humilde al mismo tiempo. En un momento dado escribe Cardenal:

Si el Logos griego pudo ser Verbum en latín, bien podía ser también Tao en chino.
El monje benedictino chino Joseph H. Wong habla de presentar el rostro asiático de Jesús: la doctrina de Jesús en el contexto de las culturas asiáticas. Se ha escrito mucho, dice él, sobre el diálogo entre el cristianismo y el hinduismo, y el budismo y el confucionismo, pero hasta ahora comienza a haber un diálogo entre el taoísmo y el cristianismo, el cual está todavía en sus fases iniciales. Aunque son muchos, dice, los que ya han señalado la gran similitud que hay entre el Tao y el Logos de san Juan.
Para san Juan, el Logos estaba presente en Dios desde el principio. En griego, la palabra Logos tiene un doble sentido: como pensamiento y como palabra. Como el pensamiento no pronunciado y la palabra pronunciada. Igualmente el Tao se nos presenta en un doble aspecto, lo que nosotros llamaríamos trascendente e inmanente, pero en el lenguaje chino es el Tao oculto y el Tao manifestado en el universo. El no-actuar y el actuar.
El Tao se representa en China con el ideograma que está compuesto de dos partes: el signo “cabeza” y el signo “camino”. Y su significado primitivo (Cabeza-Marcha) era el de dirigir la marcha, abrir camino. De ahí pasó a significar “camino”, y luego “método”, “regla”, “doctrina”. Y en chino clásico representa el “hablar”, el “caminar del discurso”. En Lao-Tse, el Tao es el que nos da la explicación del mundo, la realidad total. (p. 13)

También se acerca a los filósofos de la Antigüedad, entre ellos Heráclito (a quien vuelve por extenso en “Heráclito luminoso”), Sócrates, Platón, Pitágoras, Cicerón, Aristóteles, Plotino, Crates, Epicuro, Diógenes (“aquel gran hippie de la Antigüedad”, p. 29), Séneca o san Agustín para concluir que “la filosofía era religión, es decir, como dijo san Agustín, que el verdadero filósofo es el que ama a Dios” (p. 40).

En cuanto a Thomas Merton, el texto incluido agudiza la transformación que operó en él el gran maestro de la vida contemplativa:

A mí me decía que la orden trapense no era para poetas como él ni como yo. Como un cuartel o una academia militar no eran para poetas. Esa rigidez y disciplina podía ser buena para algunos, que lo necesitaban. Él consideraba que por algo Dios lo había puesto allí; y también Dios por algo me había puesto a mí. Pero tal vez eso no tendría que ser para siempre. Poco a poco yo entonces fui evolucionando, como él mismo había ido teniendo una evolución. Y esa fue también la evolución que la fundación latinoamericana fue teniendo. Primero una fundación de la orden trapense tradicional. Después con una reforma de la orden trapense. Después una fundación fuera de esa orden. Por último una pequeña comunidad llevando vida sencilla sin regla y sin hábito.
Poco a poco yo me fui identificando con él en todo ese pensamiento renovador, y se me quitó toda inquietud. Estaba ya en la conspiración. (p. 8)

No hay que dejar de anotar, por otro lado, que algunos textos, especialmente el extenso “Este mundo y otro”, título del libro homónimo publicado por Trotta en 2011, permiten acercarse a las numerosas lecturas científicas de Cardenal que utilizó como base para diversos libros: el anotado será clave para la composición del monumental Cántico cósmico, pues para Cardenal, en los hechos científicos encontraba inspiración mística y poética, al equiparar como sinónimos Luz, Verdad y Vida.

Cierra la sección dedicada a la espiritualidad el bellísimo inédito “Evolución y revolución”, que de algún modo da cuenta de la plenitud del pensamiento místico cardenaliano, al considerar que en esencia los dos términos se funden: “El Reino de los Cielos es en la tierra. Mejor dicho, la tierra está en el cielo.” (p. 165).

En cuanto a la sección de “Arte y literatura”, resultan muy significativas las páginas sobre Azarías H. Pallais, Alfonso Cortés, Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho y los varios textos dedicados a Darío. En el ámbito internacional, se acercará a las figuras de José Martí, Pedro Henríquez Ureña, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Haydée Santamaría, entre otros. Sorprenderán sus inéditos sobre “La lengua española” (2005), la pintura primitiva en Nicaragua y la poesía campesina de Solentiname, y permitirá ratificar muchos elementos presentes en sus poemas el texto titulado “Cultura y revolución”.

En Prosas dispersas, se recoge puntualmente alguna obra más conocida de Cardenal, como “Poesía de los Estados Unidos”, el prólogo de la Antología de la poesía norteamericana que preparó con Coronel Urtecho y vio la luz en Madrid en 1963 por Ediciones Aguilar. Y aunque cada texto mantiene su autonomía y responde a condiciones de enunciación bien diferenciadas, a veces marcadas por circunstancias biográficas, poéticas o políticas, se establece una cierta ilación entre los textos, a veces literal. Así ocurre en “Somos polvo de estrellas”, donde afirmaba que “una diferencia que hay entre la evolución humana y la de los animales es que las abejas han venido teniendo el mismo lenguaje desde hace millones de años, mientras entre nosotros ya nadie sabe hablar sumerio” (p. 83). A esa misma idea dedica el texto así titulado: “Ya nadie sabe hablar sumerio”, en el que saltan algunos rasgos humorísticos:

En la Revolución, la alfabetización fue prioritaria; y se inició a las dos semanas del triunfo. Una mitad de la población alfabetizó a la otra mitad. No hay revolución sin educación. Ella misma es educación. Y no hay civilización sin educación. Nosotros no hemos heredado como los animales lo sabido, sino la habilidad de aprender.
El hombre es un animal que aprende. La ostra de hace ciento cincuenta millones de años es la misma de los restaurantes. No ha evolucionado. Pero nuestra evolución es aprender. No es una evolución biológica sino cultural. Pasamos de ser monos en los árboles a hacer rascacielos.
Los insectos no inventan cosas nuevas. Las hormigas están bien organizadas pero no aprenden. El lenguaje de las abejas tiene millones de años, pero entre nosotros ya nadie sabe hablar sumerio. (p. 409)

Incluso en los textos que están vinculados de modo más estrecho a circunstancias muy concretas, como “Sermón y misa por Fernando Gordillo” se hacen visibles las grandes preocupaciones del autor y el modo en que su pensamiento fue evolucionando, ratificándose o rectificando. El texto citado incluye una nota del autor en que Cardenal indicaba el error que cometió en esa homilía. De ese modo, si bien permanecen constantes algunos elementos como el amor a Dios, la revolución y Nicaragua, van modulándose de unos textos a otros, completándose y afinándose. Asistimos a un pensamiento vivo en acción y para la acción, así como en contemplación y para la contemplación, pues ambos términos estuvieron siempre presentes de un modo dialógico en su obra.

Completan el volumen varias de sus disertaciones en diversos lugares —la Nicaragua natal, Zacatecas, Berlín, Chile y la referencia a varias figuras clave de Alemania, país donde su obra ha tenido enorme impacto— y una breve sección miscelánea en la que destaca el conmovedor “Taller de poesía de niños con cáncer”.

Por último, es sin duda un acierto haber incluido la única incursión en prosa narrativa de Cardenal, el cuento titulado “El sueco”, de temática política. Puede adscribirse a la llamada “narrativa del dictador” que tuvo un muy amplio desarrollo en Hispanoamérica, desde El señor presidente (1946) hasta La fiesta del chivo (2000), esta última ya fuera del marco cronológico central, que fue el de la segunda mitad del siglo XX y en particular, de lo que supuso la década de los setenta.

Los dos primeros párrafos ya establecen la situación enunciativa:

YO SOY SUECO. Y comienzo declarando que soy sueco porque a ese simple hecho se deben todas las extrañas cosas que me han sucedido (que algunos considerarán increíbles) y que ahora me propongo relatar. Yo soy sueco, pues, como iba diciendo, y vine, hace ya muchos años, por una corta visita, a esta pequeña y desventurada república de Centroamérica —en la que aún me encuentro— buscando un ejemplar de una curiosa especie de la familia de las Iguanidae no catalogada por mi compatriota Linneo, y que yo considero descendiente del dinosaurio (aunque en el mundo científico aún se discute su existencia). Tuve la mala suerte de que apenas acababa de cruzar la frontera cuando caí preso. Por qué caí preso no se espere que lo explique, pues nunca me lo he podido explicar yo mismo satisfactoriamente, por más que he tratado de explicármelo durante años, y no hay nadie en el mundo que lo explique. Es cierto que el país estaba entonces en revolución y mi aspecto nórdico causaría suspicacias, además de que había cometido la imprudencia de venir a este país sin conocer el idioma. Se me dirá que ninguna de estas razones es causa suficiente para caer preso, pero ya he dicho que no había explicación satisfactoria. Sencillamente: caí preso.
De nada me valió que tratara de hacerles comprender, en una lengua ininteligible, que yo era sueco. Mi firme convicción de que el representante de mi país me llegaría a rescatar se desvaneció más tarde, cuando descubrí que ese representante no solo no podría entenderse conmigo, pues no sabía sueco y jamás había tenido la menor relación con mi país, sino que además era un anciano sordo y enfermo, y también él mismo con frecuencia caía preso. (p. 413)

Se establece una atmósfera irreal y kafkiana que oprime ferozmente al protagonista, cuya voz enunciativa en primera persona articula todo el texto, desde la primera a su última línea. Se persigue la sátira política y se trabaja a partir de equívocos amorosos en una trama inverosímil que permite introducir el humor y el absurdo, aunque a diferencia de la poesía cardenaliana, su estructura se desenvuelve de modo convencional a partir de tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. En lugar de las técnicas de composición que Cardenal exploró brillantemente en su obra poética, la narración se sujeta a numerosas convenciones previas. Interesa, sin embargo, el recurso final al manuscrito encontrado, de modo que el cuento habría sido encontrado y publicado por Cardenal, mientras que el autor sería el protagonista del relato, al modo de lo ocurrido con La vorágine y otros textos americanos del siglo xx y que, naturalmente, tiene un antecedente magistral en El Quijote de Cervantes.

Ha sido antologado en numerosas ocasiones y Sergio Ramírez, quien ha señalado que es un texto infaltable en cualquier recopilación del cuento centroamericano, le ha dedicado atención. A pesar de que resulta de mucho menor interés que la obra poética de Cardenal, también ha tenido difusión internacional, debida sin duda al interés que despertó la vida y obra cardenaliana en su conjunto. En Suecia se incluyó como apéndice de En bok om kärleken (1971) con el título de “La misteriosa historia carcelaria del sueco Erik Hjalmar Ossiannilsson”.

Para cerrar, Prosas dispersas incluye un código QR que permite acceder a pódcast del conocido músico madrileño Niño de Elche (Francisco Contreras) versionando textos de Cardenal, además de una entrevista. Se trata de nueve piezas sonoras, sorprendentes y de gran potencia que corresponden a Vida en el amor, “Mi dirección espiritual con Thomas Merton”, “Este mundo y otro”, “Recuerdo de un paseo con el poeta Benedetti en La Habana”, “Unas reglas para escribir poesía”, “En defensa de la Tierra”, “En defensa de los indios”, “Desembarco en Solentiname” y “Ya nadie sabe hablar sumerio”.

Están disponibles en abierto en la web de la Fundación Banco Santander, en https://www.fundacionbancosantander.com/es/cultura/literatura/prosas-dispersas y se disfrutan muchísimo mientras se lee este volumen que tantos aspectos permite desvelar.

Del largo diálogo del Niño de Elche con la obra de Ernesto Cardenal surge este libro, publicado en enero de 2025 con el título Conversaciones con un monje de madera (Espasa Poesía).

Está formado por breves notas y dividido en varias secciones –“Soy un sí para un tú”, “He descubierto cielo”, “Solitario como ellos”, “Uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”, “Meditatio mortis, meditatio vitae” y “A través de lo callado”.

Entre la oración, el espacio meditativo y la reflexión ensayística y poética se mueve esta obra breve de notable intensidad estética. Algunos de sus momentos más luminosos los comento a continuación, invitando a su lectura lenta y la apertura de escucha y silencio que brindan, mientras intercalo breves reflexiones que son también parte de un diálogo imaginario y vivo con el libro y sus dos autores.

En la primera parte, el heptasílabo del hermoso título “Soy un sí para un tú” introduce una respiración ágil y fuertemente rítmica, dada por las dos agudas y por la brevedad y sutileza de las composiciones:

 Mi vida era 100 por ciento vida y cuando llegaste tú, como dijo san Marcos en su relación con Dios, es 101 por ciento. (p. 11)

 ***

¿Qué es lo que tengo enfrente? ¿Qué eres? ¿Persona, objeto? ¿Compañero, trabajo? ¿Miedo? ¿Padre, hermano, colega? ¿Árbol, planta, animal? ¿Casa, iglesia? ¿Ángel, enemigo, demonio? ¿Humano, amigo? ¿Amor?

En tus silencios escucho, recibo, me abstengo, callo y vuelvo a la pregunta.

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Mano, oído, boca? (p. 11)

 ***

Eres un monje sin más añadidos que el de ser un monje con un aura de interrogación que te rodea y me pregunta... ¿Quién eres tú? (p. 11)

La pieza escultórica, silenciosa y evocativa, genera un vacío en el que se instalan tanto los modos de lo cotidiano y biográfico como las honduras del pensar sensible, que encuentra su forma en el espacio del aforismo, la oración y ciertas zonas de porosidad e hibridez con el microrrelato y el microensayo:

 

Hay distancias que aproximan más que separan. Las creencias y la fe son sus alas. (p. 14)

**

Nuestra conversación se inspira en una comunidad monacal en la que cada miembro tiene su lugar propio y sabe dónde tiene que estar. (p. 14)

**

Conversar consiste en contemplarte, traducir tu silencio para que estés en mi boca, escribir en el papel en blanco su resonancia y leerlo para que estés en mi boca enmudecida y volver a escribir en el papel en blanco. (p. 14)

En mi opinión, uno de los elementos de mayor potencia del texto es la construcción de una hipótesis de ascesis mística que contempla varias de las dimensiones humanas, proponiendo tanto una mística al uso como una “mística abajo”, que repara en la inmediatez y vigencia de lo más sencillo, y precisamente por ello, menos visible, de un modo profundamente cardenaliano. Las dos siguientes citas muestran ese movimiento doble, tanto descendente como ascendente, que así cumple un diálogo pleno y vivo (la genealogía biológica, afectiva y espiritual; la relación entre materia y espíritu; la condición dual y al mismo tiempo, la revisión crítica del dualismo que ha construido el pensamiento occidental en clave ya postoccidental y decolonial):

Esta mañana al pasar un trapo humedecido por tu superficie recordé la obra del escultor sonoro José Le Piez. La verdadera caricia no espera nada a cambio. De ahí que el bueno de José descubriera sorprendido que sus esculturas sonaran al ser acariciadas trasladándolas de un lado a otro con el mismo cuidado que se posa a un anciano en su silla de ruedas cuando se le baja de una incómoda ambulancia. Cuando un hombre desliza la palma de su mano por un trozo de madera y surge un sonido a través de la oquedad de sus grietas, la voz de Dios se manifiesta. Cuentan que la madera nunca muere, que la materia no siempre está totalmente viva como tampoco completamente muerta. Su grado de existencia lo determina la caricia resucitadora de alguien que no es llamado. Un cuerpo vegetal cuando es arrancado de su rama y secado gracias al sigiloso paso del aire por su superficie, con la ayuda de unos pocos rayos de sol, solo puede ser resucitado si es quebrado delicadamente entre las manos de alguien que espera oler su aroma post mortem. Unos aceites parecidos a los que emanan de los santos miroblitas o de los estigmas olorosos de santa María Francisca de las Cinco Llagas. También de las innumerables reliquias que huelen a rosas así como la fragancia que desprenden algunos objetos litúrgicos. Después de lavarte con el mismo cuidado con el que se lavan las verduras comprobé que de mi bayeta emanaba ese santo perfume que es indicador y no científico, ese que rezuma pobreza y humildad. Como el jabón de aceite elaborado por mi madre que diluyo en el agua tibia con la que te limpio el hábito o como la mirada inclinada hacia el cielo de un obediente viejo cuando es lavado por sus cuidadores aceptando su inminente muerte como cualquier Cristo desahuciado. (pp. 14-16)


Mientras te limpio reparo en las vetas de tu torso. Cuentan que los ebanistas deben trabajar la madera en la dirección que marca su veta para obtener una mayor resistencia y fuerza en la pieza. Hoy atendí la dirección de las tuyas y supe que son las conocidas como “vetas verticales”. Esas que apuntan al cielo, nuestro último y primer hogar, una vuelta a casa, allí donde está el Creador que nos talló a los dos. (p. 16)

Por otro lado, una notable reflexión metaliteraria acompaña el texto, y cierra de modo singular la primera parte señalando hasta qué punto las habituales clasificaciones genéricas no resultan ni pertinentes ni suficientes, por más que asalten constantemente cualquier acercamiento:

A la pregunta de que si lo que estoy escribiendo es poesía, suelo responder la verdad, que estoy escribiendo una conversación con un monje de madera. Al cabo de un rato denoto en sus miradas una rara extrañeza y desconfianza por lo aseverado, generadas más por conversar con un monje que con una talla esculpida en madera. (p. 37)


Otros títulos posibles para nuestra conversación:

Transformación con un monje de madera. Conversión con un monje de madera. Movimiento interior junto a un monje de madera. Revelación divina con un monje de madera. Epifanía con un monje de madera. Examen con un monje de madera. Metanoia con un monje de madera. (p. 37)


—¿Dónde reside la mitad del amor?

—Cuando callas y cuando amo. (p. 37)

Al leer el libro, escuchando la música sagrada de Henry Purcell y disfrutando la cuidada escritura y su atención tanto a lo (pre)dilecto como a lo más sencillo, pero que al mismo tiempo refulge a la luz del espíritu, van apareciendo hermosas modulaciones de una conversación cargada de intimismo y apertura, y en todos los casos el título de cada sección está dispuesto en mayúsculas en la parte inferior de la página, lo que lleva a conversar con esa mística abajo antes apuntada.

En ese sentido, un momento delicioso es el que vuelve amor una costumbre familiar en la sección “Solitario con ellos”, donde sentimos de fondo las palabras de Sor Juana Inés de la Cruz acerca de que si Aristóteles hubiera guisado, mucho más habría escrito:

Todas las semanas santas mi tía Emilia se arremanga para impregnarse las manos en aceite de oliva y así moldear más fácilmente las decenas de rollos fritos que elabora para todos los integrantes de su árbol genealógico. Es el gesto primigenio que inaugura una semana de pasión gastronómica. Puedo observar la obra de Dios en el tintineo de la luz que emana del aceite restante que chorrea entre sus dedos como aquel óleo santo que derramaban por los largos cabellos de alguna mujer hasta llegar a la tierra. Una consagración de la piel de fuera a la piel de dentro. En las tradicionales casas humildes toda receta es algo superficial y profunda como las pieles de quienes las habitan. Mi tía se hace acompañar normalmente por sus dos hermanas menores, mi madre y mi tía Fina. Tres santas mujeres que con sus manos impregnadas en harina, huevos, leche y azúcar rememoran a toda la familia a través de sus conversaciones y anécdotas mil veces contadas. Comer los dulces que hacen pensando en nosotros supone que ellas estén en nuestra boca. Al primer bocado una sonrisa, a otro bocado un abrazo, al tercer bocado una lágrima de emoción y al cuarto bocado un beso como un hasta pronto y, así, vuelta a empezar. Transfiguración de sus cuerpos para tomar la comunión con una masa azucarada, de ahí a que todo postre sea entendido como lo cariñoso. La última estación sin penitencia de toda comida. (pp. 56-57)

Lo doméstico y femenino es elevado a una dimensión espiritual poco atendida, salvo en esta conversación larga de breves fragmentos en que el músico (re)construye una genealogía de afectos en muy diversos órdenes vitales, y donde la boca como espacio de enunciación, amor y deglución se vuelve fecunda isotopía y modo de la conciencia:

La olla en la que cocina mi madre no tiene fondo. Aunque sus guisos se consuman rápidamente cuando son servidos en sus platos sin filo, de la olla no se ve el final. Si pudieras introducir la cabeza en ella podrías observar el pasado de sus hambres. Te sumergirás en un túnel del tiempo cuyo tiempo no pasa ya que es conciencia. Te transportará al cortijo donde devoró de una sentada una fuente repleta de rollos fritos antes de empezar su trabajo de niñera. Te encontrarás con el gato montés que su padre metió en manteca después de haberlo cebado con sobras durante todo un verano, amarrado a la puerta de su casa. Incluso tal vez alcances a vislumbrar el cestillo de mimbre repleto de mantecados que colgaba del techo del palomar para que los niños de la familia no alcanzaran a comerlos antes de la navidad. (p. 67)

El último texto del libro, en cursiva, propone la necesaria dedicatoria de cada una de las palabras a la posibilidad de diálogo profundo e íntimo con la obra cardenaliana, que por supuesto no es límite ni constricción sino apertura:

El monje de madera con el que converso en este libro
que acabas de leer está tallado por las manos y la fe del
poeta Ernesto Cardenal. Su presencia me ha acompañado
durante toda la escritura —incluso viajó junto a mí
a Lisboa para tomarse la foto que acompaña esta
publicación realizada por el fotógrafo Daniel Mordzisnki—.
En estos días hemos sido nosotros quienes te hemos
acompañado en la lectura de estos textos; por eso quiero
darte las gracias por habernos sostenido entre tus manos
hasta llegar a este silencio que deseo
que edifique nuevas conversaciones.

(s.p.)

Fragmento de la fotografía de Daniel Mordzinski

Disponible en https://valenciaplaza.com/elniodeelchedialogaconunmonjedemaderaensunuevaentregapoetica

También en enero de 2025 vio la luz un extenso y documentado libro de Jorge Eduardo Arellano titulado Mito y verdad de Ernesto Cardenal: en su centenario que tiene carácter heterogéneo, pues está formado por partes muy diferenciadas entre sí, con desigual interés y relevancia.

Se trata de 414 páginas que ofrecen diversos contenidos críticos: un recorrido exhaustivo por el primer Cardenal (sin duda la aportación más significativa del volumen) y varios trabajos más breves. Se trata de “La abuela materna del poeta: Agustina Urtecho” —intelectual católica de gran influencia en su nieto, tanto en el ámbito literario de su primerísima formación como en el religioso—; “Seis evocaciones de Ernesto Cardenal” —que recopila muy breves notas de Arellano correspondientes al periodo entre 1963 y 2005—; “Diez libros en una isla desierta” —a raíz de una encuesta que se hizo a intelectuales de Nicaragua en 1964 sobre qué libros básicos debería leer todo nicaragüense; la respuesta de Cardenal es significativa: “Me llevaría la Biblia y después los otros 9 libros ya no tendrían importancia” (p. 288)—; “Ernesto Cardenal escultor: barro de dios y del alma india”, una entrevista que le realizó Rosario Murillo en La Prensa en diciembre de 1975, que impresiona por la deriva posterior de la relación entre ambas figuras; “Cardenal en la ANL”, donde se recogen las palabras de Jorge Eduardo Arellano como Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, en la sesión extraordinaria del 3 de abril de 2003 en que se recibió a Ernesto Cardenal en calidad de miembro honorario; “La «Oración por Marilyn Monroe»: revisitada” —una breve nota de 2017 dedicada a uno de los más impactantes y famosos poemas cardenalianos del que Arellano destacó la “súplica cristocéntrica no solo para Marilyn Monroe, sino para todos los que participamos en la Colosal Súper-Producción, símbolo máximo de nuestra enajenación, donde el suicidio es una consecuencia casi natural” (p. 314)—; y, por último, una reseña de la Poesía completa (2019) de Ernesto Cardenal que preparé para Trotta, donde “por primera vez en la historia literaria de la América Central, un poeta de esta región del Tercer Mundo tuvo el privilegio de reunir en vida su Poesía completa, de acuerdo con su personal criterio estético y coherente ordenación” (p. 315).

Como vemos, se trata de un conjunto de materiales muy disímiles entre sí, recopilados con el fin de celebrar el centenario. Solo algunos ofrecen cuestiones de gran interés para el conocimiento del autor en el siglo xxi. Completa el volumen una muy útil y extensa bibliografía final dividida en bibliografía activa y pasiva en la que recoge 214 ediciones de las obras del autor y más de 400 estudios sobre esta. En sus propias palabras, “se trata de un homenaje al poeta centroamericano más famoso, fecundo y reconocido en vida” (p. 9). Las anotaciones y comentarios de Arellano, así como el índice final de nombres más citados, resultarán muy útiles para futuras investigaciones, aunque el volumen resulta descompensado en sus diversas partes y se ofrece como una miscelánea de trabajos que en algunos casos tienen un interés menor.

En el prólogo, el reconocido estudioso desmonta algunos aspectos del Cardenal mítico al contrastar varios versos con los volúmenes de memorias (Vida perdida, Los años de Granada, La revolución perdida y Las ínsulas extrañas) y se centra en la interrelación con Merton y la difusión masiva de su obra a fines de los sesenta y principios de los 70 (tanto los Salmos, especialmente en Europa, como sus antologías poéticas en Santiago de Chile, La Habana, Buenos Aires, San José de Costa Rica, Barcelona, Caracas o Wuppertal). Aunque a veces hace afirmaciones que pueden resultar cuestionables (como cuando afirma que Cardenal “[n]o sería más que un aprovechado y excepcional discípulo del gran escritor Thomas Merton”, p. 11), su estudio concluye en que “él será siempre valorado como un clásico contemporáneo de la lengua española” (p. 15), conclusión que comparto.

La primera parte, la más valiosa sin duda, realiza un exhaustivo recorrido por los primeros años del poeta, desde el nacimiento en Granada en 1925 al año 1957. Titulada “De Granada a La Trapa (1925-1957)”, amplía detalles del nacimiento y formación del autor que no se conocían. Así ocurre con la copia de la fe de bautismo de Cardenal por el presbítero Octaviano Rivera en la iglesia San Francisco de Granada el 5 de febrero de 1925, a la que acompaña el nombre de los padrinos, y que se difunde por primera vez. Por otro lado, va refiriendo en orden cronológico datos y aspectos de los primeros años del poeta al tiempo que los va entrecruzando con algunos versos y recuerdos de los libros memorialísticos, lo que permite el énfasis en aspectos menos frecuentados del autor:

Vinculada a un pasado lúgubre y noctámbulo —con sus cuentos de aparecidos y ánimas en pena, entre campanas y clarines de cuartel, calles empedradas y ángelus—, la niñez de Cardenal se desarrollaba en la ciudad más tradicionalista de Nicaragua y compartía casi la misma vivencia de Darío que, en cierta medida, ha sido la de muchos leoneses. Proseguía diciendo Cardenal en su poema “León”: En las tardes se oía aquel toque del Ángelus/ «El Ángel del Señor anunció a María.../ la mano de una niña lejana tocando una nota de piano/ y el clarín de un cuartel./ De noche una enorme luna roja subía del Calvario./ Me contaban cuentos de ánimas en pena y aparecidos: verso tomado de La vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1915). (p. 36)

También resulta muy significativo el énfasis en la admiración por el poeta loco Alfonso Cortés y especialmente por su familiar, el gran poeta Pablo Antonio Cuadra:

Siete años vivió Ernesto en León y no olvidaría nunca a su primo-hermano Pablo Antonio, hospedado en la casa de su tía Trinidad, donde vivían los Cardenal Martínez. Había llegado para la representación de su drama, Por los caminos van los campesinos, en el Teatro Municipal, “el venerable teatro de León, inaugurado en la adolescencia de Darío [su primera piedra fue colocada en febrero de 1884]. También se hospedó con él Luis Downing Urtecho [1913-1983], mi tío, que hizo muy bien su papel de yanki en la obra de teatro, porque por su ascendencia sajona era rubio y de ojos azules. Los dos hicieron, acompañados por mí, una minuciosa inspección por aquella casa como recorriendo un museo: los retratos, incluso los baleados, la mesa de comer, los arcones de los víveres, el viejo baño en la mitad del patio de la cocina”. Y agregaba:

Yo ya leía la poesía de Pablo Antonio, aunque era muy pequeño [entre los 10 y 11 años], porque mi papá tenía su libro Poemas nicaragüenses [Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1934]. Y yo leía esos poemas acostado en el suelo, sin entenderlos mucho, aunque sí, claro, me gustaban. Los poemas eran comprensibles, porque sus temas eran del campo y aún de cuentos infantiles [“Romance de la hormiga loca”, “El esclavo bueno”, “Historia del alacrán y la luna”]; lo que no comprendíamuy bien es porqué eso era poesía. En realidad, yo, niño, no la entendía porque la entendía. No entendía que una poesía que se entendiera fuera poesía; toda en lenguaje nicaragüense. También me extrañaba que tuviera líneas muy largas, y otras muy cortas: no eran regulares como los “versos” [tradicionales]. Y se leían como quien platica y no como los “versos”.

En cuanto a la Generación del 40, Arellano  señala cómo estableció “un orden poético nuevo tras abolir el pasado poético inmediato y asimilar las corrientes europeas de vanguardia y, especialmente, la New American Poetry. Tal generación, pues, no encontró nada que destruir, labor que le habían facilitado sus antecesores; de manera que sus miembros se entregaron con plenitud al oficio” (p. 55). La integraban, como sabemos, Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez y Carlos Martínez Rivas.

Al consultar diversos archivos epistolares y literarios y cruzar diversas fuentes bibliográficas, Arellano brinda detalles de interés que permiten conocer mejor los inicios poéticos de Cardenal, sus dudas y convicciones y el conjunto de circunstancias biográficas que determinaron su formación. Así ocurre en “La etapa mexicana (1943-1947)” en relación con su visita a Octavio Paz, Xavier Villaurrutia, León Felipe, Salvador Novo, Emilio Prados, Rosario Castellanos… Esta última supo advertir qué mecanismos ponía en marcha el poeta para estremecer y penetrar “hasta la más cerrada de las conciencias”.

También documenta Arellano lo relativo al que habría sido el primer “libro” de Cardenal:

Pablo Antonio anunció la publicación, en el Cuaderno del Taller San Lucas, de su libro primerizo: Carmen y otros poemas, título que agradó mucho a su autor porque ya había averiguado que Carmen en sánscrito es canto, y también encantamiento que era casi lo mismo (“encantamiento con canto”), y también poema en latín. “No se publicó el libro y yo rechacé esa poesía juvenil por inmadura”. (pp. 80-81)

El recorrido, que incluye Nueva York entre 1947-48, con las enseñanzas del maistro Pound, el descubrimiento de la figura de Thomas Merton y los poemas escritos en la ciudad, se amplía después con los siguientes hitos cronológicos: los viajes a España, Italia y Francia entre 1949 y 1950; la librería “nuestro tiempo” y las ediciones de el hilo azul (1951-53), y el hallazgo del poema documental en “Raleigh” (“el primer poema que tomo en cuenta en mi producción, es decir, que ya reconozco como mío o de mi estilo propio”, p. 177), del que cito un fragmento:

100 hombres con sus balsas y sus provisiones para un mes
durmiendo bajo la lluvia
y el mal tiempo y al aire libre y bajo el sol ardiente
y las plantas pegadas en la piel y las ropas mojadas
y el sudor de tantos hombres juntos y el calor del sol
(y yo me acordaba de la Corte)
y una tristeza que al atardecer iba subiendo y el zumbido de los pantanos
y oímos llorar de miedo los monos en la noche,
el grito de un animal asustado por otro
y el rumor de unos remos
el roce de unas hojas en el río,
el paso de pezuñas suaves sobre hojas.
Voces: la tristeza de esas voces...
No existe en Inglaterra prisión tan solitaria
[...]

Sin pan. Sin agua.
Los oídos aturdidos de silencio.
Los árboles tan altos que no sentíamos aire.
Y el rumor del agua subiendo.
Sin pan. Sin agua.
Sino tan solo el agua gruesa y turbada del reino.
Y hay un río rojo y con flujo que cuando el sol se pone es venenoso.
Y se le oye quejarse mientras no hay sol, y está enfermo.
Y unas lagunas negras y espesas, como la brea
[...] (pp. 178-179)

Tras el estudio de los poemas documentales de Ernesto Cardenal, Arellano aborda el amor y la política en los Epigramas, cuya ambivalencia va recorriendo, para detenerse en la conjura de abril de 1954 y la UNAP (Unidad Nacional de Acción Popular) así como en la indicación que le hacía Coronel Urtecho de no comprometerse totalmente con esa causa, que Cardenal desoyó:

No dejó de preocuparme verlo escribiendo sobre estos temas políticos y poniendo una parte de su fe en tales cosas. Es por experiencia por lo que sufro viendo a un poeta joven (metido en su talento que inevitablemente sufrirá desgarraduras en tales gargales, pagará en esterilidad o banalidad lo que gasta en propaganda o proselitismo, será tanto menos poeta cuanto más político (pues la política es a la poesía lo que el vacío a la plenitud) y, por último, inevitablemente, no cosechará más que desilusiones y desengaños, si es, como usted, sincero [...] lo mejor es apartarse de todo eso para no perder la lucidez de la inteligencia, ni la sinceridad del corazón, la claridad mental, la libertad, la agilidad de la imaginación, la humildad, la inocencia, el desinterés, la impasibilidad y todas las demás cosas que se pierden en política.
No le digo que no sea miembro del grupo, pero no comprometa en él su inteligencia, su fe o su corazón. (pp. 223-224)

Cierran esta parte el estudio de Hora 0 en tanto se produce el hallazgo original del tema político, un análisis de “El sueco”, el único cuento de Ernesto Cardenal, y una última parte sobre la sed de absoluto y la experiencia mística vivida por el poeta, así como sobre su ingreso en La Trapa y los años allí vividos. A propósito de esa sed de absoluto leemos: “en su interior sentía un profundo vacío. Había amado tanto y a tantas mujeres que nunca pudo satisfacer ese amor, o más bien, la obsesión del amor que le subyugaba: «En realidad esto era una sed de absoluto, de un amor infinito que no podía saciar el amor humano, pero yo no lo sabía», declaró sobre el origen de su versión religiosa” (p. 240). A continuación recoge Arellano una de las afirmaciones más contundentes de Cardenal sobre su experiencia mística, en la entrevista que concedió a Caupolicán Ovalles en 1964:

Algunas veces en la noche, en momentos de soledad, sobre todo después de una fiesta o de parrandas largas con amigos, me confrontaba a mí mismo y sentía una secreta angustia... Era como si dentro de mí oyera la voz de un amor despreciado. Yo estaba convencido de que Dios me amaba, y me quería para Él, con un amor celoso, tiránico. Pero yo me hacía el sordo. Y la voz seguía siempre a través de los años. Un día ya no pude más: me sentía demasiado hostigado por ese Amante, al que no amaba y que quería que no amara a nadie sino a Él, y decidí rendirme a ver qué pasaba. (p. 240)

Al ingresar en la orden de La Trapa, Cardenal se entregaba a una decisión que había madurado durante mucho tiempo y que despertó palabras absolutamente conmovidas de sus más grandes amigos y lectores, como es el caso de la carta que le remitió Coronel Urtecho y Arellano transcribe íntegramente. Aquí selecciono, a modo de muestra, uno de sus fragmentos más significativos:

Déjeme entrar ahora ligeramente al fondo del asunto. Su prodigiosa idea es milagro o locura, que viene a ser lo mismo. “La locura de la Cruz”, el “escándalo para los judíos y locura para los griegos” de San Pablo. Una Trapa es un divino manicomio, la casa de los locos de Dios. Esa locura es nada menos que la felicidad, la única felicidad sobre la Tierra, pero alcanzada por medio del dolor y de la muerte. Usted ha descubierto el único suicidio posible, el suicidio divino, el Santo Suicidio de los que, amando a Dios, han aborrecido la miseria del mundo y ya no pueden soportarla. (p. 249)

Las observaciones sobre el silencio, el tiempo y la fe son constantes. El cuidadoso trabajo de Arellano no siempre da las referencias del amplísimo material que ha manejado, lo que habría sido de gran utilidad para investigaciones futuras que continúen la suya. Cierra esta parte, la más extensa del libro, una reflexión del poeta sobre aquellos años y la importancia del magisterio de Thomas Merton.

Concluyo destacando del libro de Arellano que completa su estudio con fotografías, esculturas, dibujos y portadas de libros de su gran compatriota. 

*

¿Cómo cerrar estas palabras sobre los libros del centenario sabiendo que la vigencia de la obra de Cardenal es amplia y está y presente de muchísimas formas?

Concluyo estas notas recordando, con el periodista y escritor Sergio C. Fanjul, “cien años de una revolución poética” que sin duda ha modificado el rostro de la poesía en español de los siglos xx y xxi. Se trata del título del artículo que publicó para abrir la sección de Babelia de El País el 1 de marzo de 2025.

En su poema “Lo visible y lo invisible”, comenzaba Cardenal con un guiño metaliterario (“Otra vez en mi poesía los números pavorosos”) y nos proponía una necesaria y hermosa nueva matemática:

La nueva matemática:
Uno más uno no es dos
sino uno
La salvación no es de uno sino de todos juntos
concluida la creación
(p. 1261)

El centenario nos permite ratificar a Cardenal no solo como uno de los poetas más influyentes del siglo xx sino también como quien conversa con el siglo xxi. Quiero recordar brevemente unos versos del poema “Pluriverso”:

Nuestra vida pasa a la velocidad de la luz
que es lo único absoluto de la Relatividad,
de la luz que no se atrasa ni vuelve para atrás.
Nunca para atrás. Astrofísica triste.
Astrofísica triste del amante solitario en la noche.

(p. 1156)

Cuando nos lanza a la pregunta por el futuro, sostiene siempre la convicción de un abrazo que se mide en galaxias y en años luz.

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BIBLIOGRAFÍA

Arellano, Jorge Eduardo (2025): Mito y verdad de Ernesto Cardenal: en su centenario. Managua: JEA Editor.

Cardenal, Ernesto (2024): Prosas dispersas. Prólogo de Luce López-Baralt, introducción de Juan Carlos Moreno-Arrones Delgado, pódcast de Niño de Elche. Madrid: Fundación Banco Santander.

––– (2025): Poesía completa. Prólogo de Elena Poniatowska, introducción de Remedios Sánchez. Barcelona: Espasa Poesía.

Niño de Elche (2025): Conversaciones con un monje de madera. Barcelona: Espasa Poesía.



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Ernesto Cardenal

(Nicaragua, 1925-2020). Sacerdote y poeta, con estudios de literatura norteamericana en la Universidad de Columbia, Nueva York. En 1957 ingresó al Monasterio Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky, EE.UU. Fue nombrado Ministro de Cultura por el Régimen Sandinista. Es ordenado sacerdote en Managua (1965). Funda en una de las islas Solentiname, en el Lago Cocibolga, una comunidad cristiana. Entre sus libros destacan: Epigramas (1961), Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966), Salmos (1967), Canto nacional (1972), Quetzatcóatl (1985), Cántico cósmico (1989), El telescopio en la noche oscura (1993) y Pasajero de tránsito (2006). Obtuvo el Premio Pablo Neruda en 2009 y el Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana en 2012.