En ese instante - Sonia Bressler

En ese instante en que la luz se demora, / creí que la dulzura iba a prevalecer. / En ese instante en que la luz se demora, / creí pertenecer a un cuadro de Manet. / En ese instante en que la luz se demora, / ya nacía la sombra. /

En ese instante - Sonia Bressler
Sonia Bressler

En ese instante




(Traducción al español de La Route de la Soie-Éditions)





En ese instante

Perpiñán, 7 de enero de 2015

El sol tímido mecía las últimas hojas del plátano.
La plaza de la Revolución Francesa estaba bañada de luz.
Los adoquines murmuraban historia.
Sébastien sacaba sus dos mesas para los habituales del fresco.

En ese instante en que la luz se demora,
creí que la dulzura iba a prevalecer.
En ese instante en que la luz se demora,
creí pertenecer a un cuadro de Manet.
En ese instante en que la luz se demora,
ya nacía la sombra.

El viento se volvió de hielo.
Las noticias caían,
ráfaga tras ráfaga,
como casquillos rodando sobre un suelo que se desmoronaba.

¿Qué significa estar en el presente?

En ese instante, habría que callar.
Pero el ruido y la furia se desbordan.
La emoción, líquido poderoso,
invade a las multitudes.
Por todas partes aparece: Yo soy Charlie.

En ese instante, sería bueno reflexionar.
Pero ya es demasiado tarde.
La sociedad del comentario prevalece,
cada desvío, cada palabra,
prolongando el ruido de los casquillos.

La explosión oculta la responsabilidad,
individual y colectiva.
Hemos dejado actuar a la barbarie.
No hicimos nada.

Entonces Yo soy Charlie se convierte en mercancía,
una buena conciencia comprada,
una negación de responsabilidad,
una negación de lo real:
la crisis de nuestras democracias.

¿Qué es una crisis?
¿Qué herramientas damos a nuestros hijos
para emanciparse?

Debemos volver a una ética,
a los rostros del otro.
Vivir es vivir juntos.
Queda por saber cómo.

Responder colectivamente.
Con fraternidad y compromiso.
Con humanismo.
No con eslóganes ni logotipos.

Porque las herramientas del marketing
no son las de una democracia.

Lo que mata nuestra democracia
no es lo imposible.
Es creer que nada es posible.

Lo imposible retrocede
ante quien avanza.

Abran libros.
Aprendan a leer.
Sueñen.
Y caminen.




À cet instant

Perpignan, 7 janvier 2015

Le soleil timide balançait les dernières feuilles du platane.
La place de la Révolution française baignait de lumière.
Les pavés bruissaient d’histoire.
Sébastien sortait ses deux tables pour les habitués de la fresque.

À cet instant où la lumière s’attarde,
j’ai cru que la douceur allait l’emporter.
À cet instant où la lumière s’attarde,
j’ai cru appartenir à un tableau de Manet.
À cet instant où la lumière s’attarde,
déjà naissait l’ombre.

Le vent s’est fait de glace.
Les dépêches tombaient,
rafales après rafales,
comme des douilles roulant sur un sol qui se dérobait.

Qu’est-ce qu’être au présent ?

À cet instant, il faudrait se taire.
Mais le bruit et la fureur déferlent.
L’émotion, liquide puissant,
envahit les foules.
Partout s’affiche Je suis Charlie.

À cet instant, il serait bon de réfléchir.
Mais il est trop tard.
La société de commentaires l’emporte,
chaque détournement, chaque parole
prolongeant le bruit des douilles.

La déflagration masque la responsabilité,
individuelle et collective.
Nous avons laissé la barbarie agir.
Nous n’avons rien fait.

Alors Je suis Charlie devient marchandise,
une bonne conscience achetée,
un déni de responsabilité,
un déni du réel :
la crise de nos démocraties.

Qu’est-ce qu’une crise ?
Quels outils donnons-nous à nos enfants
pour s’émanciper ?

Nous devons revenir à une éthique,
aux figures de l’autre.
Vivre, c’est vivre ensemble.
Reste à savoir comment.

Répondre collectivement.
Avec fraternité et engagement.
Avec humanisme.
Non avec slogans ni logos.

Car les outils du marketing
ne sont pas ceux d’une démocratie.

Ce qui tue notre démocratie,
ce n’est pas l’impossible.
C’est de croire que rien n’est possible.

L’impossible recule
devant celui qui avance.

Ouvrez des livres.
Apprenez à lire.
Rêvez.
Et marchez.



*



El tomate

El tren atraviesa un día sin fin.
Las noches se acortan.
Árboles.
Praderas.
París ya está lejos —
y mi corazón sigue roto.

Una bolsa.
Un suéter.
Mi Leica, único recuerdo.
Un libro.
Un cuaderno.

En el vagón restaurante,
la babushka me descubre el borsch.

En mi compartimento,
dos jóvenes chinas.
Juegan a las cartas.
Gritan.
Ríen.
Hacen trampas.
Discuten alrededor del samovar.

Me ven correr por los andenes,
mientras el « davaï » de la provodnitsa
me empuja a alcanzar el tren
que parte hacia un lejano desconocido.

Ven que no como.
Tres días de vacío.
Solo el recuerdo de una remolacha.

Tras cruzar la frontera rusa,
entramos en China.
Una línea de luz,
como una cicatriz en el desierto.

Primera estación china.
Me tienden un tomate.
Gritan,
insisten.
Muerdo.

El tomate es un milagro.
Jugoso.
Sabroso.
Tiene el sabor del corazón.

Sus ojos se relajan.
Pero la inquietud permanece:
¿lo habrán conseguido?
Me muestran:
cuando se ama, se saborea,
se hace ruido al comer.

Bajan en Harbin.
Desaparecen en un vapor de sopa,
sobre el andén de la estación.

Permanecen para siempre en mi corazón.
¿Sabrán que trastornaron mi universo?
¿Sabrán que me abrieron
las puertas de China?

(Transiberiano, mayo de 2005)




La tomate

Le train file dans une journée sans fin.
Les nuits se réduisent.
Des arbres.
Des prairies.
Paris est déjà loin —
et mon cœur reste brisé.

Un sac.
Un pull.
Mon Leica, seul souvenir.
Un livre.
Un carnet.

Au wagon-restaurant,
la babushka me fait découvrir le bortsch.

Dans mon compartiment,
deux jeunes femmes chinoises.
Elles jouent aux cartes.
Elles crient.
Elles rient.
Elles trichent.
Elles se disputent autour du samovar.

Elles me regardent courir sur les quais,
le « davaï » de la povotnik
me poussant à rejoindre le train
qui démarre vers un lointain inconnu.

Elles voient que je ne mange pas.
Trois jours de vide.
Seul le souvenir d’une betterave.

La frontière russe franchie,
nous entrons en Chine.
Une ligne de lumière,
comme une cicatrice dans le désert.

Première gare chinoise.
Elles me tendent une tomate.
Elles hurlent,
elles insistent.
Je mords.

La tomate est un miracle.
Juteuse.
Savoureuse.
Elle a le goût du cœur.

Leurs yeux se relâchent.
Mais l’inquiétude demeure :
ont-elles réussi ?
Elles me montrent :
quand on aime, on savoure,
on fait du bruit en mangeant.

Elles descendent à Harbin.
Disparaissent dans une vapeur de soupe,
sur le quai de la gare.

Elles sont à jamais dans mon cœur.
Savent-elles qu’elles ont renversé mon univers ?
Savent-elles qu’elles m’ont ouvert
les portes de la Chine ?

(Transsibérien, mai 2005)



*



¿Cómo elegir un poema?

París, febrero de 2026

¿Cómo elegir un poema?
Entre las palabras ya inscritas,
y aquellas que aún no han llegado.

Sobre el hilo del caos del mundo,
sobre el hilo más oscuro del caos interior.

Elegir un poema
nunca es elegir un texto.
Es trazar una línea invisible.
Una línea frágil, casi vacilante,
entre el tiempo y el espacio,
entre la sombra apenas rozada de una caricia
y la carne madura de un recuerdo.

Un entre-dos,
todavía sin nombre,
pero ya atravesado.

Elegir un poema
es aceptar no saber
dónde se posa el paso.
Es acercarse al abismo,
no para caer en él,
sino para escuchar su llamado.

Es rechazar el retiro,
rechazar la comodidad de un silencio sin espesor.

Es permanecer allí,
sobre el umbral,
cuando el mundo vacila
y lo íntimo tiembla.

Un poema no se elige.
Él consiente,
y nos invita a entrar.




Comment choisir un poème ?

Paris, février 2026

Comment choisir un poème ?
Dans les mots déjà inscrits,
et dans ceux qui ne sont pas encore advenus.

Sur le fil du chaos du monde,
sur le fil plus obscur du chaos intérieur.

Choisir un poème
n’est jamais choisir un texte.
C’est tracer une ligne invisible.
Une ligne fragile, presque vacillante,
entre le temps et l’espace,
entre l’ombre effleurée d’une caresse
et la chair mûre d’un souvenir.

Un entre-deux,
sans nom encore,
mais déjà traversé.

Choisir un poème,
c’est consentir à ne pas savoir
où le pas se dépose.
C’est s’approcher de l’abîme,
non pour y tomber,
mais pour en écouter l’appel.

C’est refuser le retrait,
refuser le confort d’un silence sans épaisseur.

C’est demeurer là,
sur le seuil,
quand le monde vacille
et que l’intime tremble.

Un poème ne se choisit pas.
Il consent,
et nous y convie.



*



La caída

Georges d’Oppedette, agosto de 2022

Desde que tengo memoria,
mis padres me enseñaron a caminar.
Corrí, salté, escalé montañas,
trepé paredes de roca.
Me enseñaron el esfuerzo,
la recompensa efímera de la cima,
el largo aliento de las marchas.

En un desvío de julio,
en medio de las gargantas de Oppedette,
queríamos reencontrar aquella juventud,
el placer de los pasos compartidos.

Cada paso tenía el sabor del verano,
crujido de hojas,
rocas ardientes.
Avanzábamos en una alegría lenta.

Luego,
una curva.
Un saliente.
La garganta se abre, inmensa:
azul profundo, verde abismal.
El vacío atrae la mirada.
Ya arrastra nuestros cuerpos hacia él.

Una pausa.
Un crujido.
Un grito.

Mi madre cae.
El mundo se invierte.
El abismo la devora de un solo aliento.

Silencio.
Demasiado vasto.
¿Dónde está?

Un árbol la detiene,
arbusto irrisorio
plantado en el vacío.
Un hilo verde tendido contra la boca negra.

Desciendo.
La pared quema.
Mis manos resbalan.
Cada piedra parece ceder,
cada apoyo desaparece.

Le hablo para que resista:
árboles, cielo, nada, todo,
cualquier cosa
contra la aspiración del vacío.

Le tomo la mano,
pero no puedo levantarla.
Hay que descender más,
entrar por debajo de ella,
arrancarla de los dientes del abismo
que se ensancha,
todavía,
como si respirara.

Mi padre, lívido,
intenta llamar a los socorros.
Pero el verano arde,
los incendios devoran las fuerzas,
y nuestras voces se pierden
en el vientre de la garganta.

Entonces arranco lo que puedo:
cordones, cinturón, mochila desgarrada.
Tejo una cuerda precaria,
mentira necesaria:
« Estás a salvo.
Vamos a salir. »

Un extremo, otro extremo,
tela contra tela,
cuerda improvisada
sobre la boca abierta.

Por milagro,
después de horas de lucha,
consigo subir a mi madre.
Su rostro ensangrentado,
su pierna rota,
pero viva.

Nos hará falta la noche entera
y la fe de las estrellas
para salir de la garganta,
para cerrar,
por un instante,
el vértigo.




La chute

Georges d’Oppedette, août 2022

D’aussi loin que je me souvienne,
mes parents m’ont appris à marcher.
J’ai couru, sauté, gravi des montagnes,
escaladé des parois.
Ils m’ont appris l’effort,
la récompense éphémère du sommet,
le souffle long des marches.

Un détour de juillet,
au milieu des gorges d’Opedette,
nous voulions retrouver cette jeunesse,
le plaisir des pas partagés.

Chaque pas avait le goût de l’été,
craquement des feuilles,
roches brûlantes.
Nous avancions dans la joie lente.

Puis,
un tournant.
Un surplomb.
La gorge s’ouvre, béante :
bleu profond, vert abyssal.
Le vide attire le regard.
Il tire déjà nos corps vers lui.

Une pause.
Un craquement.
Un cri.

Ma mère bascule.
Le monde s’inverse.
Le gouffre l’avale d’un seul souffle.

Silence.
Trop vaste.
Où est-elle ?

Un arbre l’arrête,
arbrisseau dérisoire
planté dans le vide.
Un fil vert tendu contre la gueule noire.

Je descends.
La paroi brûle.
Mes mains glissent.
Chaque pierre semble céder,
chaque prise se dérobe.

Je parle pour qu’elle tienne :
arbres, ciel, rien, tout,
n’importe quoi
contre l’aspiration du vide.

Je lui tiens la main,
mais je ne peux la hisser.
Il faut plonger plus bas,
entrer sous elle,
l’arracher aux dents du gouffre
qui s’élargit,
encore,
comme s’il respirait.

Mon père, livide,
tente d’appeler les secours.
Mais l’été brûle,
les incendies avalent les forces,
et nos voix se perdent
dans le ventre de la gorge.

Alors j’arrache ce que je peux :
lacets, ceinture, sac éventré.
Je tisse une corde précaire,
mensonge nécessaire :
« Tu es en sécurité.
Nous allons sortir. »

Un bout, un autre bout,
tissu contre tissu,
corde de fortune
au-dessus de la gueule ouverte.

Par miracle,
après des heures de lutte,
je remonte ma mère.
Son visage ensanglanté,
sa jambe brisée,
mais vivante.

Il nous faudra la nuit entière
et la foi des étoiles
pour sortir de la gorge,
pour refermer
un instant
le vertige.




***




Sonia Bressler. Doctora en filosofía y epistemología, Sonia Bressler enseña en universidades y escuelas superiores. Su trayectoria, enriquecida por dos diplomas profesionales del MIT en el campo de la inteligencia artificial, explora los cruces entre las ciencias humanas, las tecnologías digitales y el pensamiento crítico contemporáneo.
Desde hace varios años desarrolla un enfoque interdisciplinario que denomina «Data-filosofía», interrogando los vínculos entre el dato digital, el lenguaje, la memoria y las transformaciones del mundo contemporáneo. Sus investigaciones atraviesan la comunicación, la sinología, el análisis de datos, el arte y la geopolítica, con una atención particular a las relaciones entre China y el resto del mundo.
En 2017, impulsada por el deseo de hacer dialogar los saberes, las culturas y las sensibilidades, fundó La Route de la Soie – Éditions. Esta editorial independiente reúne hoy a investigadores, artistas y poetas de diversos horizontes y ha publicado más de un centenar de obras.
Comprometida desde hace muchos años con la defensa de los derechos de las mujeres y el pacifismo, preside desde 2017 la AFFDU (Asociación Francesa de Mujeres Graduadas Universitarias), fundada entre otras por Marie Curie en 1920 y dotada de estatuto consultivo ante la ONU.
En marzo de 2024, la alcaldía del VI distrito de París le otorgó la Medalla de Honor por el conjunto de sus compromisos culturales e intelectuales. En junio de 2024 recibió también el «Special Book Award in China» por su labor editorial y sus escritos dedicados a China.
Para Sonia Bressler, la poesía constituye la culminación absoluta del lenguaje. Durante mucho tiempo, sus poemas permanecieron ocultos en sus cuadernos, surgiendo a veces como una coma secreta en medio de un texto filosófico o de una travesía metafísica por el mundo. Hizo falta su encuentro con el poeta chino Zhao Lihong para que aceptara decirlos y publicarlos, especialmente con motivo del Festival Internacional de Shanghái en diciembre de 2025.


Sonia Bressler. Docteure en philosophie et épistémologie, Sonia Bressler enseigne en université et en école supérieure. Son parcours, enrichi par deux diplômes professionnels du MIT dans le domaine de l’intelligence artificielle, explore les croisements entre les sciences humaines, les technologies numériques et la pensée critique contemporaine.
Depuis plusieurs années, elle développe une approche interdisciplinaire qu’elle nomme « Data-philosophie », interrogeant les liens entre la donnée numérique, le langage, la mémoire et les transformations du monde contemporain. Ses recherches traversent la communication, la sinologie, l’analyse de la data, l’art et la géopolitique, avec une attention particulière portée aux relations entre la Chine et le reste du monde.
En 2017, animée par le désir de faire dialoguer les savoirs, les cultures et les sensibilités, elle fonde La Route de la Soie – Éditions. Cette maison indépendante accueille aujourd’hui chercheurs, artistes et poètes venus de différents horizons et a publié plus d’une centaine d’ouvrages.
Engagée de longue date dans la défense des droits des femmes et du pacifisme, elle préside depuis 2017 l’AFFDU (Association Française des Femmes Diplômées des Universités), fondée notamment par Marie Curie en 1920 et dotée du statut consultatif auprès de l’ONU.
En mars 2024, la mairie du 6e arrondissement de Paris lui décerne la médaille d’honneur pour l’ensemble de ses engagements culturels et intellectuels. En juin 2024, elle reçoit également le « Special Book Award in China » pour son travail éditorial et ses écrits consacrés à la Chine.
Pour Sonia Bressler, la poésie constitue l’aboutissement absolu de la langue. Longtemps, ses poèmes sont demeurés enfouis dans ses carnets, surgissant parfois comme une virgule secrète au détour d’un texte philosophique ou d’une traversée métaphysique du monde. Il aura fallu sa rencontre avec le poète chinois Zhao Lihong pour qu’elle accepte de les dire et de les publier, notamment à l’occasion du Festival international de Shanghai en décembre 2025.