Darle a la sangre - Eduardo Casar

Darle a la sangre un ritmo. / Darle a la sangre voz y viento. / Darle a la sangre el golpe cierto de la sombra.

Darle a la sangre - Eduardo Casar
Eduardo Casar

Darle a la sangre

 

 

 

CONJURO Y CONTIGO

Hoy me toca ser viento. Ten cuidado.
Refuerza tus ventanas con maderas y con golpes firmes.
Con las maderas dibuja la inicial de mi nombre.
Dicen que si lo haces arrojarás hacia la paz,
lejos del estremecimiento,
al portador del nombre que dibujas
con maderas apuntalando tus ventanas.
Dicen que no hay más eficaz conjuro
que enfrentar consigo mismo a quien ataca.

Dicen que es eficaz, pero no sirve.

Sabré encontrar resquicios
para llegar hasta tu pecho.

Y mañana me tocará ser agua.
Ten cuidado.
Porque mañana es muy probable
que nazca dentro de ti
una sed peligrosa y es verano.




DARLE A LA SANGRE

Darle a la sangre un ritmo.
Darle a la sangre voz y viento.
Darle a la sangre el golpe cierto de la sombra.
(Cuando juegues a estar solo
nadie saldrá a decirte
no lo estás,
estoy contigo,
aquí estamos sobre el pasto
mirando la luz herida
los dos)
Darle a la sangre voz y viento,
intemperie y sótano al mismo tiempo.
Darle a la sangre el ritmo de la plata derretida,
intervalos de gota y catarata
entre las venas y los huesos blancos.
Darle a la sangre paciencia
hasta hacer de la piel
una sombra que brille.




DEJA QUE EN TU SUEÑO

Deja que en tu sueño sucedan
imágenes del agua
en nombre de un alfabeto
que nadie más entienda.
Despierta en nombre
de la noche que acaba.
Mírame para quitarme
la ceguera.
Deja que caiga por amor al sol
la tela que te cubre.
Deja sólo las sombras
de tu cuerpo.
En el nombre del mar,
por un inmenso amor
al bosque que se mueve,
acércate desnuda.

Suelta en mi nombre tu cabellera recogida.

Muévete por amor.




ESCRIBIENDO EN GERUNDIO

Entre otras cosas
para enriquecerse con los otros, juntos,
al juntar las palabras y formar escaleras y puentes levadizos
que unan habitaciones desconocidas antes.

Para transitar por todas las resonancias posibles
y estropear los usos automáticos, buenos, del lenguaje.

Para ponerse sombras, y sobras, y redobles
debajo de las tapas craneana y torácica,
encenderse los centros y los flancos.

Para que la relatividad deje de ser teoría
y se aparezca Hegel en las noches.

Para perderle el miedo a los disfraces y a las voces distintas.

Al escribir el mundo se incorpora
y lo que parecía inorgánico se organiza y se tensa,
y los sentidos intensifican los radios de sus arcos perceptivos.

Escribir es también revolverse, entrecruzarse con los aspavientos
y abrir encrucijadas donde estaba el silencio enterradito y quieto.

Defenderse de lo definitivo, embriagarse, ver las fotos de lado.

Es cobrar importancia y malgastarla.




PASODOBLE

La vida es un pasillo estrecho
donde nos encontramos frente a frente.

Tu vientre contra el mío.

Yo trato de llegar
al sitio desde el que tú partiste.
Tú tratas de pasar,
para encontrar mi punto de partida.
Mis brazos cómo quieren ayudarte:
te empujan como el mar hacia mi espalda.
Tus brazos tratan de ganar orillas
cada uno por un lado de mi cuerpo.
Me agrando como el mar: tú te le opones
y la humedad te multiplica bosque
que sólo se atraviesa como incendio.

No cabemos los dos en este mundo
y nos vamos a otro largamente.




ENTRE TU SANGRE

Irse así, tras de ti para encontrarte
y encontrarte dormida
y encontrarse
con que en tu sueño apresas
al fantasma que te mira,
a la piedra lanzada hacia tu cara,
a la piedra que se disuelve
y vela desde dentro
el esquema asombrado
de tu sueño de arena,
de tu sueño de danza
en una playa oscura.
Saber que para quien alrededor
de ti camina
no hay caminos
ni atajos ocultos como flores en la nieve
y que entonces irse tras de ti,
de noche, entre tu sangre,
es hundirse en tu cuerpo lentamente,
es andar en el aire caminando,
es que tu boca despierte cada noche
para cada noche perderse nuevamente,
es salir a solas de tu cuerpo,
a mediodía y sin que tú lo adviertas,
para cada noche perderse nuevamente.




EPITAFIO

Y allí, bajo la tierra,
el árbol ramifica otro follaje,
dúctil y penetrante,
como dotado de una
voluntad de silencio.

No es el viento el que mueve
ese ramaje interno.
Es la humedad y es otra lentitud,
serpiente multiplicada y armoniosa
bajo la oscuridad compacta de otro cielo.

También ese bosque
caminaremos juntos.

 

 

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Eduardo Casar

Nació en el Distrito Federal de México en 1952. Doctor en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesor de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde tiene una antigüedad de 44 años.  Ha publicado: Noción de travesía (poemas), ediciones Mester, en 1981; Son cerca de cien años (poemas), UNAM, 1989; Caserías (poemas), UNAM, 1993; Mar privado (poemas), Conaculta-Instituto de Cultura de Aguascalientes, 1994; Las aventuras de Buscoso Busquiento (cuentos para niños), en colaboración con Alma Velasco, Grijalbo-Conaculta, en 1994; Amaneceres del Husar (novela), Alfaguara, en 1996; Parva natura (poemas) Plan C editores/ Conaculta, en 2006; Habitado por dioses personales (poemas), Calamus/INBA, en 2006; Ontología personal (poemas), Conaculta, 2008; Grandes maniobras en miniatura (poemas), Gobierno del Estado de México, 2009, Para qué sirve Paul Ricoeur en crítica y creación literarias (teoría literaria), Universidad Iberoamericana, 2011; Unos poemas envozados (poemas), Colección Voz Viva de México, UNAM, 2012; Vibraciones a 500 metros, Parentalia ediciones, 2013. Fue profesor de la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), durante 21 años. Condujo el programa Hacia el filo de la noche, en Radio UNAM, durante 5 años. Condujo el programa radiofónico Voces interiores, de Conaculta durante 13 años. Es co-conductor del programa de televisión “La dichosa palabra”, transmitido por el canal 22, desde hace 17 años. Es autor del guión de la película Gertrudis, filmada en 1990, dirigida por Ernesto Medina. Recibió, por un trabajo colectivo, el Premio Nacional de Ensayo Literario “José Revueltas”, en 1976. Recibió el primer lugar en el género de poesía en el Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, en 2009. Recibió el Premio Universidad Nacional 2015 en el campo de creación artística y extensión de la cultura.