Cheng Lian y Bo Ya - Huang Lihai
La historia avanza levantando torbellinos de arena. / En el período de Primavera y / Otoño se promueve el libre albedrío: / el cielo nocturno, rasgado por relámpagos; / los héroes brotan de forma repentina, como destellos fugaces. /
Huang Lihai
Cheng Lian y Bo Ya
(Traducción al español de Isolda Morillo)
En China, para referirse a una amistad muy cercana, se utiliza el término (zh! y!n), que significa literalmente «aquel que conoce tu música» o «aquel que reconoce tu voz». Este término se emplea para aludir a una gran afinidad, a una relación íntima fundada en una comprensión profunda, sobre todo en el plano intelectual y sensible.
Esta noción remite a una leyenda protagonizada por Bo Ya y Cheng Lian, dos músicos y maestros del yaoqin, una cítara plana y horizontal, de sonido suave y contemplativo, considerada uno de los instrumentos de cuerda más antiguos de China.
Bo Ya, figura probablemente inspirada en un personaje histórico, habría vivido durante el período de Primavera y Otoño (771 a. C.–476 a. C.), una etapa de la dinastía Zhou Oriental. La tradición lo cuenta entre los grandes intérpretes de yaoqin. Su amistad con Zhong Ziqi, un leñador capaz de comprender el sentido de su música, se convirtió en símbolo de ese reconocimiento mutuo: el zhiyin. A la muerte de Zhong Ziqi, Bo Ya rompió su instrumento y renunció a tocar de nuevo, convencido de que ya no quedaba nadie capaz de comprenderlo.
En la leyenda, Cheng Lian aparece como maestro de Bo Ya. Aunque este ya dominaba la técnica, su formación se consideraba incompleta.
Para remediarlo, Cheng Lian lo condujo a una isla desierta y lo dejó allí, en silencio, durante varios días. Frente al mar, expuesto al sonido del viento y de las olas, y a la presencia de la naturaleza, Bo Ya experimentó una transformación decisiva.
La enseñanza que se desprende de este episodio no se formula como doctrina, sino como experiencia: la técnica, por sí sola, resulta insuficiente cuando carece de una dimensión interior. El aprendizaje pleno implica atravesar la soledad, enfrentarse a lo desconocido y abrirse a una forma de percepción que desborda lo estrictamente formal.
En este poema dramático, Huang Lihai ofrece una adaptación de la leyenda en la que entreteje aportaciones propias con otros elementos y principios vinculados a esta tradición.
Isolda Morillo
PERSONAJES
Cheng Lian: músico de yaoqin, un instrumento de cuerda popular durante el período de Primavera y Otoño.
Bo Ya: joven intérprete del mismo instrumento.
Bu Lan: esposa de Cheng Lian.
Mu Ti: fabricante de instrumentos musicales y hermano mayor de Cheng Lian.
El viajero del tiempo: un vagabundo que transita entre el pasado y el presente.
ÉPOCA
Período de Primavera y Otoño (770–476 a. C.).
LUGAR
Algún lugar del Reino de Chu.
Nota sobre el Reino de Chu:
El Reino de Chu (aprox. 1042–223 a. C.) fue uno de los estados más fuertes de los períodos de Primavera y Otoño y de los Reinos Combatientes en la antigua China. Se caracterizó por su poder militar, su expansión territorial y el desarrollo de una identidad cultural propia.
EL VIAJERO DEL TIEMPO:
La historia avanza levantando torbellinos de arena.
En el período de Primavera y Otoño se promueve el libre albedrío:
el cielo nocturno, rasgado por relámpagos;
los héroes brotan de forma repentina, como destellos fugaces.
En lo divino y en lo humano, la luz eterna se narra sobre lenguas de fuego.
Vientos peligrosos cabalgan sobre fuerzas extrañas y siniestras.
El periplo y la contemplación avanzan juntos, en busca de la era del yo desconocido;
sus rastros convergen en rayos que perforan la tierra,
creando definiciones, cantando y clamando por un ser humano mejor.
El tiempo todo lo acepta, todo lo subvierte, todo lo purga.
Paisajes ocultos, velados: la mayor parte se ha hundido; solo emerge un
pequeño tramo.
Quedan los conflictos nunca extinguidos y algunas leyendas.
El olvido es el repliegue del bullicio; es también la supervivencia en el misterio.
Un destello de luz aún titila en el umbral de la dinastía anterior.
En su interior, una melodía alborotada, furtiva, compleja y oculta.
Este afecto profundo es un eco que el tiempo no ha silenciado:
trasciende los dominios de lo opaco y habita el alma de la tierra.
—Viene del eterno e inagotable encanto.
BO YA:
La brisa de la noche envía su respuesta; habla el amanecer.
Despierta, primera estrella del alba,
tú que perforas el cielo como un cincel afilado.
He acariciado durante largos años el yaoqin, la cítara de jade.
Montañas que parecen talladas con fuego sobre el hielo
se reúnen en mi corazón; me recuerdan los cambios del cielo.
La vida es un oído atento a la canción del paraíso;
el resplandor de la tierra
me mantiene en vigilia toda la noche.
Música, renuévame ya, aléjame
del diablo, de la adulación, del halago…
Llevo días enfrentado a mi padre:
él dice que mi falta de #exibilidad
se debe a mi ingenuidad. En sus ojos
pertenezco a otra estirpe, como si aspirar al poder
fuese el único camino sensato.
Pero, aquella vía es tan enredada, tan turbia,
cada paso en esa dirección me enfanga;
es como querer cambiar la luz de las estrellas
por la de una antorcha encendida.
Cuántos vástagos ociosos trepan por las gradas de la fortuna
y acaban como momias, trazando el mapa de su propio ocaso.
Las montañas y los ríos son distintos:
son lugares donde honrar a los dioses,
son la morada del perfume.
Los humanos sueñan con entrar allí,
y ennoblecerse con las coronas de estas tierras.
CHENG LIANG:
Oídos míos, que aún guardan el sonido del yaoqin de Bo Ya:
su eco resuena como el primer brillo de una taza de té.
Parece primavera, pero es breve;
perdura lo que una noche fugaz.
El pasado y el futuro
se han permutado con el presente y con todas las cosas.
En este amanecer, veo cómo la luz se enternece sobre los tejados,
como un saludo que va directo al grano,
o el canto que brota de las aves migratorias.
Ahora, con la semilla que Bo Ya plantó,
mi corazón se regocija.
Al caminar, mis pasos levantan pequeños destellos.
Señora, ¿acaso tus oídos sueñan despiertos?
BU LAN:
Aquel día, al escuchar el yaoqin de Bo Ya a través de la ventana,
fue como si una manada de alces cruzara entre los arbustos,
como si un martín pescador se zambullera en el agua,
como si los manantiales del bosque brotaran en torrentes,
como plumas de luz de luna cayendo sobre el campo,
como un anuncio ligero venido de un sueño.
Y, entre todo aquello,
yace escondido el extravío de quien busca una salida.
CHENG LIAN:
En las palabras de la señora, esto suena a un cordero extraviado
que llama a la puerta, vestido de luz de luna.
Bo Ya, un joven trovador,
descendiente de Xun Linfu, gran dignatario del reino de Jin,
su cuerpo aún irradia ese aire de letrado.
Estas dos manos jóvenes
tocan el eco de la luz de la luna.
BU LAN:
Quien aprende a tocar el yaoqin busca también despertar.
En los primeros años de vida, el aliento está en los ojos,
como los brotes en el campo, que giran su cuerpo y su alma hacia la luz.
Has de darle una escalera de nubes primaverales,
guiarlo y ayudarlo a conocer los secretos que se hallan detrás del tiempo.
CHENG LIAN:
Nuestra ayuda es limitada.
Lo infinito debe surgir de la cámara oscura de su alma.
Que la luz dentro de su corazón se encienda sola, sin forzarse a frotar la
madera.
Nuestra sala de cítara es austera, pero no le falta fragancia.
Hay muy pocos niños que logran aprender el yaoqin como Bo Ya.
La mayoría de las familias
llevan una vida humilde y pobre;
nunca han visto siquiera una cítara de jade.
Apreciamos ese anhelo suyo;
sin embargo, aquellos que llegan a ser hijos de la música
deben traer consigo el "lo de la epifanía del bien,
aunque no estoy exento de dudas al respecto.
EL VIAJERO DEL TIEMPO:
Cheng Lian es muy cauteloso a la hora de aceptar discípulos,
no como Zoroastro, que tuvo muchísimos alumnos.
A lo largo de las dinastías, el mundo se llenó de pupilos,
aunque no son escasos los ejemplos de lo contrario.
Mira a Buda: tenía cinco monjes;
Jesús, doce apóstoles;
Sócrates tuvo como discípulo a Platón
y como «nieto espiritual» a Aristóteles.
Los alumnos espiritualmente ricos no han de ser multitud.
Cuando un sabio imparte su enseñanza, comienza en círculos pequeños.
La audiencia de Sócrates eran los ciudadanos de Atenas;
Buda impartía sus enseñanzas en el curso medio del Ganges;
Jesús predicó en la pequeña región de Galilea.
El lugar donde surge la verdad pasa a ser el centro.
No importa dónde nazca el genio;
lo importante es que exprese la voz de la humanidad.
Cuando Cheng Lian eligió a Bo Ya, reconoció que era uno entre mil.
Reflexiones sobre la creación de Cheng Lian y Bo Ya
El período de Primavera y Otoño fue una época salvaje, en la que genios extraordinarios vagaban entre templos y el desierto, entregados a un exilio interior sin límites. En una época así, en la que cantaban peces voladores, el ser humano tenía una existencia de gran exuberancia. Ellos actuaban según lo que les dictaba el alma, y llevaban sobre sí mismos el recuerdo, las acciones, el carácter y las ideas de la humanidad.
Aquellos personajes, sus formas de vida y sus espíritus me conmueven más que cualquier figura de nuestro tiempo. Si pudiera viajar atrás en el tiempo, volvería con mucho gusto a esa época, para deambular por ella como un vagabundo, sin ningún otro accesorio que mi propia vestimenta. No es que el período de Primavera y Otoño fuera particularmente idílico; albergaba su parte oscura y corrupta. Sin embargo, estaba repleto de personas de profunda integridad: Jing Ke, Cheng Ying, Gao Jianli, todos de carácter cristalino y esencia inquebrantable. Ellos se atrevieron a encarnar con su vida la esencia de su espíritu, irradiando un brillo más allá de la mera existencia, como un vendaval salvaje que arranca el velo al tiempo.
La cultura es el resultado de algo involuntario. Por azar, me topé con las obras del filósofo francés Pascal Quignard, cuya extraordinaria imaginación sobre el período de Primavera y Otoño me conmovió. Sus conceptos desbordantes abrieron nuevos territorios donde el pensamiento, liberado del cuerpo, entraba libremente en otro reino, impulsado por un ferviente deseo.
Un período llamado Primavera y Otoño. El ser humano sabe cómo definir su historia de manera poética. En cuanto a mi propia creación, recurrí a un viajero del tiempo para cruzar las fronteras del pasado y el presente, siendo este viajero el testigo de Cheng Lian y Bo Ya. La historia de Bo Ya y Zhong Ziqi es conocida por todos los chinos.
Sin embargo, lo que realmente me cautiva es cómo Bo Ya se convirtió en Bo Ya. Las nuevas generaciones, azotadas por la nostalgia, suspiran a menudo por un pasado cuyas huellas se han desvanecido. Sin embargo, nosotros también podemos blandir nuestras sensibilidades y lanzarnos, como caballeros andantes, para aportar algo con nuestros actos, para que el pasado no desaparezca del todo.
Aunque esa época particular se esfumó hace mucho tiempo, personajes como Bo Ya, Cheng Lian, Bu Lan y Mu Ti existen en otra dimensión que los mantiene vigentes. La humanidad actual ha enviado «Altas montañas y aguas fluidas» al espacio, embarcándose en un viaje cósmico hacia la inmensidad del alma. Durante siglos, «Altas montañas y aguas fluidas» ha sido un clásico, definido como el repentino despertar de la humanidad ante la naturaleza, la elevación de la vida y la resonancia del alma.
Creo que «Altas montañas y aguas fluidas» encierra otro código: habiendo superado vicisitudes y atravesado la desesperación, conserva un espíritu que se eleva por encima de lo mundano. Es una interpretación del amor que emana un encanto eterno. El nacimiento de muchas grandes obras en el mundo, se produce a través del catalizador del amor.
«Altas montañas y aguas fluidas» traza caminos terrenales, pero reside perpetuamente en dimensiones superiores, como un faro sobre las olas embravecidas, iluminando los corazones y conmoviendo nuestras almas, donde perdura el amor ferviente, para que lo contemplemos y lo escuchemos.
La vida está marcada por el azar; todo es parte del azar. Por casualidad fundé la revista Poesía y Gente y, también por casualidad, establecí el «Premio Internacional Poesía y Gente», que posteriormente amplié al «Festival de Poesía de Año Nuevo de Guangzhou». Otra casualidad fue que me topé con «Cómo leer el drama poético» y, así, por azar, surgió el «Sueño del drama poético».
Alguna vez soñé con escribir poemas largos, con el ímpetu de quien galopa sobre un caballo salvaje, pero me he quedado en la poesía corta. En los últimos años, me han interesado las representaciones teatrales de poesía, una tarea exigente. El drama poético es, por supuesto, una forma de arte antigua; en la antigua Grecia era una tradición estética consolidada. Sin embargo, carecemos de un paradigma teatral como el de Shakespeare y de modelos dramáticos claros, por lo que el drama poético sigue siendo desconocido y escaso.
Nuestras producciones teatrales poéticas son pocas, casi un vacío. Desde Qu Yuan hasta la actualidad, a lo largo del tiempo, la gente ha mostrado poco entusiasmo por la forma literaria denominada drama poético, que puede ofrecer a los poetas y artistas chinos contemporáneos la oportunidad de experimentar y acercarse a un mundo espiritual universal.
El mundo alberga innumerables conceptos dramáticos. Cheng Lian y Bo Ya se corresponde con el «teatro paisajístico» de Gertrude Stein, o teatro del absurdo. Estos dramas espaciales se oponen a la narrativa tradicional, evitan una trama o argumento, pero enfatizan las relaciones y las yuxtaposiciones, buscando un presente continuo.
En Cheng Lian y Bo Ya, Cheng Lian rompe su cítara para despertar al joven prodigio Bo Ya, sumido en un sueño. El dolor que esto le causó llevó al fabricante de laúdes Mu Ti a encontrar en Bo Ya motivos egoístas para la sedición. Sin embargo, la aparición de Bu Lan ilumina el alma de Bo Ya. Cuando descubren su atracción mutua, profundizan de manera natural en el espíritu que subyace a la música, avanzando así hacia la integridad personal. Ya sea por una elección deliberada o por un giro del destino, la muerte de Bu Lan es uno de los catalizadores de la creación de «Altas montañas y aguas fluidas». Sus vidas fueron existencias hermosas; como nubes pasajeras, su partida, semejante a la niebla y a las nubes, es irrecuperable. Sin embargo, el lenguaje de la escritura y de la interpretación habla, y el énfasis en la audición que contiene nos despierta: gracias al amor, todo resuena así. Aprendiendo del teatro del absurdo, evito el conflicto, el clímax y el giro inesperado, así como los conflictos complejos entre personajes, optando en su lugar por la contemplación poética y el impulso de la pasión. El teatro poético no tiene por qué ser un drama tradicional; puede ser una forma de arte que transmita la filosofía contemporánea, la estética y perspectivas diversas, y que ofrezca una mayor resonancia con el presente. Por ejemplo, la cognición musical evocada por el yaoqin también me llevó a explorar el instrumento y la música en sí. «La música evoca recuerdos casi idénticos a la poesía»: las palabras de Julien Gracq me hicieron comprender que la música supera la realidad, reflejándola y trascendiéndola, como un dios que contempla la superficie del agua sin limitarse a ella.
La sensibilidad es la condición para escribir. Deseo ser alguien a quien algo le conmueva de vez en cuando. «Siéntate en el trono de los dioses y obsérvate a ti mismo. Solo una vez, nacido en rotación.» La voz de René Char llegó a mí, y el drama poético comenzó a tomar forma, con personajes arremolinándose a mi alrededor hasta convertirse en reflejos de mí mismo. La escritura y la representación del drama poético son un territorio desconocido. El relato de Cheng Lian y Bo Ya es un mundo por el que he deambulado, una historia en la que los días derraman tristeza y miedo, haciendo coincidir la vida con el amor, la pasión, el valor y la belleza. Allí están la fragancia de la hierba, el suave fluir del agua, el peso de las montañas y el azul del mar. Aquí, las cuerdas de la vida en libertad resuenan con los ecos persistentes del sol.
Huang Lihai
(El drama poético Cheng Lian y Bo Ya se publicó en el número de octubre de 2025 de la revista Poetry Magazine, se estrenó en el Segundo Festival de Poesía de Yuntu el 26 de octubre de 2024 y se presentó en la Cuarta Semana Literaria de la Gran Área de la Bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao el 12 de noviembre, y posteriormente se presentó en el extranjero.)
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«Aguas fluidas», pieza musical china para guqin de más de dos mil años de antigüedad y segunda parte de la composición original «Altas montañas y aguas fluidas», viajó en el Disco de Oro de la Voyager (1977) en una grabación interpretada por el maestro Guan Pinghu. Es la única pieza de música china incluida en este viaje espacial.
