Al fin he encontrado a mi patria - Attila József

Y bien, al fin he encontrado a mi patria, / a mi tierra en la cual, sin un error, / mi nombre escribiría sobre mí / si me enterrara el enterrador.

Al fin he encontrado a mi patria - Attila József
Attila József

Al fin he encontrado a mi patria…

(Las versiones al español son de Fayad Jamís, con la colaboración de András Simor, Mátyás Horányi y György Somlyó)

 

  

 

Nem én kiáltok

Nem én kiáltok, a föld dübörög,
Vigyázz, vigyázz, mert megőrült a sátán,
Lapulj a források tiszta fenekére,
Símulj az üveglapba,
Rejtőzz a gyémántok fénye mögé,
Kövek alatt a bogarak közé,
Ó, rejtsd el magad a frissen sült kenyérben,
Te szegény, szegény.
Friss záporokkal szivárogj a földbe –
Hiába fürösztöd önmagadban,
Csak másban moshatod meg arcodat.
Légy egy fűszálon a pici él
S nagyobb leszel a világ tengelyénél.
Ó, gépek, madarak, lombok, csillagok!
Meddő anyánk gyerekért könyörög.
Barátom, drága, szerelmes barátom,
Akár borzalmas, akár nagyszerű,
Nem én kiáltok, a föld dübörög.

(1924)

 

 

No soy yo quien grita

No soy yo quien grita: es la tierra que ruge.
¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡El diablo ha enloquecido!
Escóndete en el fondo limpio de los manantiales,
fúndete al cristal de la ventana,
ocúltate tras los fuegos de los diamantes,
bajo las piedras, entre los insectos,
escóndete en un pan recién salido del horno.
Oh, tú, pobre, mi pobre.
Con el fresco aguacero fíltrate en la tierra.
En vano hundes tu rostro en ti mismo,
solo podrás lavarlo en otro rostro.
Sé la delgada arista de una brizna
y serás más grande que el eje de este mundo.
Oh, máquinas, pájaros, frondas, estrellas,
nuestra estéril madre pide a gritos parir.
Querido amigo, cariñoso amigo.
ya sea terrible o maravilloso,
no soy yo quien grita, es la tierra que ruge.

 

 *

 

Tiszta szívvel

Nincsen apám, se anyám,
se istenem, se hazám,
se bölcsőm, se szemfedőm,
se csókom, se szeretőm.

Harmadnapja nem eszek,
se sokat, se keveset.
Húsz esztendőm hatalom,
húsz esztendőm eladom.

Hogyha nem kell senkinek,
hát az ördög veszi meg.
Tiszta szívvel betörök,
ha kell, embert is ölök.

Elfognak és felkötnek,
áldott földdel elfödnek
s halált hozó fű terem
gyönyörűszép szívemen.

(1925)

 

 

Corazón puro

No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como
siquiera un grano de frijol.
El poder de mis veinte años
se lo vendo al mejor postor.

Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo venderé.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.

Seré atrapado y luego ahorcado.
La santa tierra me tendrá
y a mi precioso corazón
yerba fatal le crecerá.

 

*

 

Nemzett József Áron

Nemzett József Áron,
szappanfőző, aki már
a Nagy Óceánon
szagos füveket kaszál.

Megszült Pőcze Borcsa,
kit megettek a fenék,
gyomrát, hasát sorba,
százláb súroló kefék.

Szerettem Lucámat,
de Luca nem szeretett.
Bútoraim: árnyak.
Barátaim nincsenek.

Bajom se lesz többé,
lelkemmé lett mindahány, –
élek mindörökké
gazdátlan és ostobán.

(1928)

 

 

Áron József me engendró

Áron József me engendró,
jabonero que en el mar
un día se fue a segar
yerbabuena, y no volvió.

Borcsa Pőcze me parió,
pero un terrible ciempiés
–el cáncer– vino después
y el vientre le devoró.

A la bella Luca amé
y ella no me respondió.
Ni un amigo me quedó
y en la sombra me alojé.

Desgracias, ¡ya se acabó!,
que dentro de mi alma están.
Solo, estúpido y sin pan
ya siempre viviré yo.

 

 *

 

Hosszú az úristen

Hosszú az Úristen,
rövid a szalonna,
nyavalyás a szegény ember,
mintha gazdag volna.

Úgy meggörbül, mintha
réti ösvény volna
s rajt libegnének a lányok
tejért a majorba.

Hosszú és kemény is,
püspököké mégis,
rábízná pedig siralmas
dolgát a szegény is.

Jutna neki kolbász,
asszonyának szoknya –
az ájtatos Úristenhez
vigadozva szokna.

Délszemmel ha néz a
sokútú világra,
a legbajosabb dülőkön
a szegényt találja.

Ha ma sincs, hogy értünk
seregekké lenne,
szegény ember, ha elpusztul,
nem is pihen benne.

(1928)

 

 

Dios es largo

Dios es largo, Dios es largo
pero muy corto el tocino.
El pobre es tan miserable
como un verdadero rico.

El pobre se inclina como
esos caminos del campo
por donde ruedan las niñas
a buscar leche al establo.

Dios es largo, largo y duro
el dios de los sacerdotes.
Y aun así el pobre quisiera
que atendiera a sus dolores.

Si consiguiera chorizos
y a su mujer darle ropa,
iría a ver muy contento
al dios de misericordia.

Si del cenit Dios mirara
la encrucijada del mundo,
el pobre siempre hallaría
en los terrenos más duros.

Pero si Dios ya ni puede
ayudar con sus ejércitos,
el pobre, aunque moribundo,
no irá a dormir en su seno.

 

 *

Altató

Lehunyja kék szemét az ég,
lehunyja sok szemét a ház,
dunna alatt alszik a rét –
aludj el szépen, kis Balázs.

Lábára lehajtja fejét,
alszik a bogár, a darázs,
velealszik a zümmögés –
aludj el szépen, kis Balázs.

A villamos is aluszik,
– s mig szendereg a robogás –
álmában csönget egy picit –
aludj el szépen, kis Balázs.

Alszik a széken a kabát,
szunnyadozik a szakadás,
máma már nem hasad tovább –
aludj el szépen, kis Balázs.

Szundít a labda, meg a sip,
az erdő, a kirándulás,
a jó cukor is aluszik –
aludj el szépen, kis Balázs.

A távolságot, mint üveg
golyót, megkapod, óriás
leszel, csak hunyd le kis szemed, –
aludj el szépen, kis Balázs.

Tüzoltó leszel s katona!
Vadakat terelő juhász!
Látod, elalszik anyuka. –
Aludj el szépen, kis Balázs.

(1935)

 

 

Canción de cuna

El cielo cierra sus ojos azules.
La casa cierra todos sus ojillos.
El prado duerme sobre su edredón.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

Sobre sus patas ponen la cabeza
y se duermen, igual que sus zumbidos,
suavemente, la avispa y el insecto.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

El tranvía dormita dulcemente
con su velocidad, que se ha rendido,
mientras, en sueños, tintinea un poco.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

Sobre la silla, mudo, el saco duerme,
su desgarrón también está dormido,
pero así ya no seguirá creciendo.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

Duermen igual el bosque y la pelota,
duermen en paz los paseos y el pito.
El dulce caramelo también duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

La distancia será un día la tuya
como tus lindas bolitas de vidrio.
Te volverás gigante, pero duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

Llegarás a ser bombero, soldado
y pastor de los más feroces bichos.
Mira, tu mamá ya también se duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.

 

 *

Ha lelked, logikád...

Ha lelked, logikád,
mint patak köveken
csevegve folyik át
dolgokon egeken –

ver az ér, visz az ár
eszmélhetsz nagyot:
nem kell más verse már,
költő én vagyok!

Kertemben érik a
leveles dohány.
A líra: logika;
de nem tudomány.

(1937)

 

Si tu alma, tu lógica...

Si tu alma, tu lógica,
como un arroyo sobre piedras
fluye charlando
entre cosas y cielos,

palpita la vena, te trae la corriente,
entonces sí comprenderás:
ya no necesito la poesía ajena,
¡el poeta soy yo!

En mi jardín maduran
las hojas del tabaco.
La poesía es lógica,
pero no ciencia.

 

 *

Ime, hát megleltem hazámat…

Ime, hát megleltem hazámat,
a földet, ahol nevemet
hibátlanul irják fölébem,
ha eltemet, ki eltemet.

E föld befogad, mint a persely.
Mert nem kell (mily sajnálatos!)
a háborúból visszamaradt
húszfilléres, a vashatos.

Sem a vasgyűrű, melybe vésve
a szép szó áll, hogy uj világ,
jog, föld. – Törvényünk háborús még
s szebbek az arany karikák.

Egyedül voltam én sokáig.
Majd eljöttek hozzám sokan.
Magad vagy, mondták; bár velük
voltam volna én boldogan.

Igy éltem s voltam én hiába,
megállapithatom magam.
Bolondot játszottak velem
s már halálom is hasztalan.

Mióta éltem, forgószélben
próbáltam állni helyemen.
Nagy nevetség, hogy nem vétettem
többet, mint vétettek nekem.

Szép a tavasz és szép a nyár is,
de szebb az ősz s legszebb a tél,
annak, ki tűzhelyet, családot,
már végképp másoknak remél.

(1937)

 

 

Al fin he encontrado a mi patria…

Y bien, al fin he encontrado a mi patria,
a mi tierra en la cual, sin un error,
mi nombre escribiría sobre mí
si me enterrara el enterrador.

La tierra –una alcancía– me recibe.
Ya no se necesitan, ¡ay qué pena!,
aquellos cuatro o cinco centavitos
que nos fueron quedando de la guerra,

ni el anillo de hierro en que grabaron
tanta belleza: Tierra, Mundo Nuevo,
Derecho. Aún es guerrera nuestra ley
y los anillos de oro son más bellos.

Durante mucho tiempo estuve solo
pero después muchos se me acercaron.
“Estás solo”, decían, aunque hubiese
–de corazón– querido acompañarlos.

Así he vivido, vanamente, así.
Yo mismo puedo comprobarlo, pero
ahora sé que también mi mente es vana.
Igual que de un bufón de mí se rieron.

Desde mi nacimiento quise estar
en mi lugar, metido en la tormenta.
Es ridículo que yo no haya hecho
más daño del que a mí mismo me hicieran.

Hermosos son verano, primavera
y otoño, y el invierno es más hermoso
para el que anhela ver hogar, familia,
definitivamente para otros.

 

 **

 

Attila József

(por Albert Lázaro-Tinaut)

(En húngaro el apellido antecede al nombre) nació en Budapest el 11 de abril de 1905 y murió, suicida, en Balatonszárszó el 3 de diciembre de 1937. József es uno de los grandes pilares de la literatura húngara del siglo XX. Hijo de una familia humilde del también humilde barrio de Ferencváros, en la capital de Hungría, pasó su infancia en la extrema pobreza, sobre todo desde que su padre abandonó el hogar cuando él tenía tres años. Su vida, dura y llena de dificultades y desengaños, se refleja en muchos de sus poemas.

Adoptado durante un tiempo por otra familia, gracias a su hermanastro tuvo una educación digna y pudo estudiar literatura húngara y francesa en la Universidad de Szeged, donde encontró a un generoso mecenas que lo envió a completar estudios en Viena y París. De regreso a Hungría (1927) se adhirió al partido comunista y aparecieron en él los primeros síntomas de esquizofrenia, enfermedad que lo desquiciaría y lo conduciría al suicidio: murió arrollado por un tren a la edad de 32 años.

En 1922 publicó su primer libro de poemas, A szépség koldusa (‘Mendigo de la belleza’), y al cabo de tres años apareció su obra fundamental, Nem én kiáltok (‘No soy yo quien grita’), que incluye su poema más conocido, “Tiszta szívvel” (‘Corazón puro’). Ese libro llamó la atención de ilustres críticos como Béla Balázs y György Lukács y, traducido pronto a las principales lenguas europeas, acabaría dando al poeta renombre internacional. Entre sus obras poéticas hay que mencionar también Külvárosi éj (‘Noche en el arrabal’, 1932), Medvetánc (‘La danza del oso’, 1934) y Nagyon fáj (‘Duele mucho’, 1936).

En palabras del prestigioso crítico literario Antal Bókay, su poesía “representó una revolución en la historia de la literatura húngara: la nueva forma en que construye el ‘yo’ en sus poemas es coherente con la poesía de Europa y América en aquel momento”.

Los poemas que se presentan aquí han sido tomados del libro Poesías, de Attila József (Editorial Corvina, Budapest, 1967). Las versiones son las que realizó el poeta cubano Fayad Jamís (1930-1988) con la colaboración de András Simor, Mátyás Horányi y György Somlyó.