¿A quién le importa el área que ocupa un corazón? - Silvia Penas Estévez
Esta epidermis sin orillas / sabe escalar por el caos de un vallado / sin picarse en la hojarasca / expandirse en la dirección caprichosa / que los gatos toman en la huida / o provocar cambios de rasante en el horizonte.
“¿A quién le importa el área que ocupa un corazón?”
Silvia Penas Estévez (Vigo, 1980) es una poeta performativa, transgresora, de carácter escénico, realizando una combinación de las bellas artes y la acción corporal. Entre la performance y el poetry slam, desdibuja los límites del espacio y del cuerpo, crea una hibridez entre la poesía, la música electrónica y el videoarte.
Su obra, principalmente desarrollada en lengua gallega, aborda la identidad, la memoria, las fronteras del cuerpo, y las relaciones entre el dolor social y el poder para así poder explorar la vulnerabilidad física, el exilio, la herencia familiar y la violencia sistémica.
Especial para Revista Tres Orillas, presentamos estos cuatro poemas que forman parte de La piel del exilio, 2025.
Enrique Solinas
Temática descarnada
Esta epidermis sin orillas
sabe escalar por el caos de un vallado
sin picarse en la hojarasca
expandirse en la dirección caprichosa
que los gatos toman en la huida
o provocar cambios de rasante en el horizonte.
Pero recubre un corazón del revés
—vávulas al viento—
mapa ferroviario de venas crispadas
y se pierde en el abismo de su propia extensión.
Regresa convetida en progresión de injertos,
minufundio marcado por suturas labradas en el frío.
No hay distancia entre su amplitud
y su fragmento mínimo. Se suceden.
Así se confunden el bosque y el claro
la playa y la duna
la huerta y los linderos
la piel y el descampado.
La superficie del dolor: uno coma ocho metros cuadrados
Todas las maneras de medir
contienen el error en su propia magnitud
y esa sima que se abre
anticipa casi siempre una catástrofe.
Si intenta calcular el pie hasta donde tantear el precipicio.
Si los ojos rebasan el umbral y quedan ya perdidos
mientras pasan por encima de un sendero
y el sendero no se nombra, es imposible calibrarlo.
Todas las maneras de medir
desconocen el abismo
desconocen que las palmas de tus manos
al compararse con las mías, en efecto son más grandes
pero distintas a las huellas que dibujas al sumergirlas en nieve.
Puede testimoniar la distancia que separa nuestras manos
la profundidad del frío?
Me ha quedado un arañazo em la piel del paladar
al lamerte el desconsuelo
como niña enfurecida
voy a arrancar la costra con un hacha de madera
algo tosco que no tenga precisión
sobre todo por si así te duele menos.
Yo quería en tres minutos suturarte
como hizo Apolo con las llagas del guerrero
y bordarte un traje de verdad y de muralla.
Encontrarnos en el camino que trazó tu voz
fue un trasvase ilegal
un narcotráfico de heridas por los codos
esa piel que se arruga fácilmente
que tiende a golpes, rozaduras,
que se escama.
La ruta que describe tu pensamiento
me resulta más cercana que tu rostro
—tampoco es esa una distancia razonable—
no me sirven mil maneras de medir
una contradicción así de recorrido.
Que llegué ciega como Edith
con la memoria dactilar hasta tu cuerpo
y aún sin tocarte algo vi
y no consigo descifrar
si era yo misma em otro tiempo
o alguien a quien amé
al principio de todas las edades.
El contorno del dolor carece de perímetro
igual que el viento.
Arrastro el tuyo guardado en mis bolsillos
pero no pude calcular ni su peso
ni si supone
más o menos kilómetros de arterias
que mi sangre.
¿A quién le importa el área que ocupa un corazón?
Si no cabe siquiera en un país.
Si no existe litosfera capaz
de sostenerlo.
Conversación última para amante muerto
Perdí muchas veces la noción de que existías
y ahora que supe que estás muerto
siento que me faltase piel o una válvula vital.
¿Cómo desaparece del cuerpo alguien que encarna
la ausencia misma? ¿Qué barreras atraviesa?
En el fondo entre tú y yo
cabían únicamente tu desprecio
y aquella ansia por hacer kilómetros
con la sonrisa etílica asomando por los campos.
Los girasoles y los olivos presentían
que traías en el semblante restos de la helada
y se mustiaban a tu paso. Quedaba abierta la tierra.
Yo metía las manos hasta enterrar el desconsuelo
y sacaba de las raíces algo para picar con el vino:
una rebanada de amor y olivas verdes.
Y merendamos entre la hierba muchos labios y sequía,
y caminamos de la mano hasta el Rompido,
—ya sabía aquel nombre que éramos amantes
y como amantes que éramos no tuvimos que romper—.
Fue pasando el Sur por nosotros como pasan las horas
sobre los arbustos y el rímmel reseco
que goteaban las estrellas en la noche de Granada.
No había extensión que nos sirviera para recostar las dudas
te llamaba tan fuerte el pasado a la puerta de la inconsciencia
que tampoco te fijaste en el music hall que monté sobre el capó.
Actué sin público alguno y canté a grito pelado
hasta que la madrugada se llevó contigo mi palco
por la vía de la plata arriba
y se callaron a la vez la sierra extremeña
y el mundo.
Cuando después volví al Norte
había olvidado todos los compases
y ya nadie era amante de nadie en ningún sitio.
Así pasó el Norte por nosotros y las lluvia limpiaron
aquella mancha misteriosa y pegajosa que habías dejado
dibujada en mi forma de entonar.
En estos días de duelo vuelve a emerger
y no sé si debería afinar las notas de la nostalgia.
Como lobas que aúllan tu nombre
se escapan si me pongo ante sus ojos.
Me recuerdan a mí misma
desnortada y destruida
a la búsqueda de un bosque, aquel cajero, un cobijo
y encontrando
una y otra vez
el mismo campo de olivos devastados.
La memoria es como la piel de la morsa
abriéndose en la nieve o en un poema
hay algo doloroso
y algo confuso en esta imagen
Alda Merini llamando a la puerta
el lenguaje echándose a un lado
todos los azulejos rompiéndose a la vez
contra el mismo suelo.
La memoria es como la piel del ciervo
atravesada de espanto, zorra que se desangra
lejos,
de lejos la piel parece brillante
como el recuerdo
no se puede colocar frente a los ojos
ardería.
La memoria es como la piel del bosque
siempre esconde algo siniestro
más abajo aún del recuerdo
donde perdió la guarida
y se desplaza eternamente oscura.
Si no lo recuerdo no existe
que exista
que no exista
(...)
La memoria es como la piel del cielo
o nos falta
o se nos echa encima.
-Todos los poemas forman parte del libro A pel do exilio (La piel del exilio), Espiral maior 2025. Traducción del la autora.
Silvia Penas
(Vigo, 1980), poeta y performer. Su trabajo tiene como punto de partida a creación de textos, con una fuerte vocación de indagar en la poesía escénica y otros formatos de poesía efímera y expandida, de incorporar la palabra poética al cuerpo a través de la voz. Investiga en otros modos de decir el poema, confiando en que ese “decir” contenga una capacidad mobilizadora hacia la acción y a la reflexión.
Comienza su andadura poética en el colectivo Redes Escarlata. Después de ganar algunos premios y accésits con series de poemas, publica por primera vez un libro en el año 2010 cuando sale a la luz el poemario Biografía da multitude, creado en coautoría con Elvira Riveiro, con el que obtuvieron el Premio Victoriano Taibo. Más tarde aparecerá As uñas crecen, poemario ganador del certamen Manuel Lueiro Rey de Poesía al que le sigue Diario de ladras, bailarinas, asesinas e flores, Premio de Poesía Avelina Valladares. Fronteira Paraíso es el siguiente poemario, artefacto que contiene fotografías de Jesús Andrés Tejada y un disco homónimo a cargo de Cintaadhesiva. Posteriormente aparece en lengua portuguesa el libro de poemas O resto é céu. El poemario Retratos de vodas, partos e funerais fue galardonado con el Premio Follas Novas 2024 al mejor libro de poesía publicado en gallego en el año 2023 y el premio Aritmar (Galicia y Portugal) al mejor poema por “Canto segundo para un fillo non nado” incluido en el mismo libro. También en el 2024 gana el Premio de Poesía del Ayuntamiento de Carral por su obra A pel do exilio.
En el ámbito de la poesía expandida cabe destacar la formación anteriormente citada Cintaadhesiva (poesía, música y electrónica y videoarte), de la cual es cocreadora, junto al músico y videocreador Jesús Andrés Tejada.
A lo largo de los últimos años ha realizado proyectos escénicos y poéticos en solitario y también colaborativos como miembro del Colectivo Límites, con la Orquesta Clásica de Vigo, y con otras entidades y formaciones.
+ info
https://www.silviapenas.com