Romance de los ilustres asesinos - Cecília Meireles

¡Oh, grandes oportunistas, / encorvados sobre el papel, / que calculan el mundo y la vida / en cuentos, dobles, cruces, / que trazan vastas rúbricas / y signos entrelazados, / con plumas altas y delgadas, / ¡empapadas de pecados! /

Romance de los ilustres asesinos - Cecília Meireles
Cecília Meireles




Cecília Meireles




Romance de los ilustres asesinos




(Traducción al español de Floriano Martins)





ROMANCEIRO DA INCONFIDÊNCIA

(fragmentos)

 

 

ROMANCE IV O DE LA DONCELLA ASESINADA

 

“Sacudía mi pañuelo

para extenderlo y que se secara.

Era alrededor de diciembre,

Navidad.

Me sentía tan feliz,

viendo las pequeñas nubes en el aire,

viendo el sol y las flores

en los arbustos del jardín,

teniendo a lo lejos, en la veranda,

¡un rostro que contemplar!

 

¡Ay de mí, pues sospechaban

que le estaba saludando!

Sacudía mi pequeño pañuelo

para extenderlo y que se secara.

Pequeño pañuelo bañado en lágrimas,

empapado de sueños y sal,

de noches en las que no había dormido,

pensando en mi alcoba,

—porque mi amor es pobre,

de condición desigual.

 

Era el mes de diciembre,

alrededor de Navidad.

Tenía el amor delante,

tenía la muerte detrás:

Mi padre bajó las escaleras,

me hirió con su daga.

Me postró a sus pies, boca abajo,

¡sin fuerzas ni para gritar!

Apoyé la cabeza

en un cuenco de coral.

Ya no veía las pequeñas nubes

que flotaban en el aire.

Oí a mi madre gritar

y a mi padre sollozar,

entre esclavos y vecinos,

y no supe nada más.

 

“Si mi pañuelo volara,

pesado de sueños y sal,

y aterrizara en la veranda,

y comenzara a contar

que morí por el oro,

que esta daga era de oro,

que me enterró por la espalda,

por la mano dura de mi padre,

Dios sabe si alguien que lo oyera lloraría,

si mi pañuelo volara

y si pudiera hablar,

como habla el periquito,

y vuela la paloma torcaz...

 

Apoyé la cabeza

en un cuenco de coral.

Ya he olvidado mi nombre,

¡por mucho que quiera recordarlo!

 

Era alrededor del mes de diciembre,

por Navidad.

Todo tan lejos, tan lejos,

que no se puede encontrar.

Pero deambulo sola,

en la sombra del patio,

y pienso en mi triste cuerpo,

que no puedo dibujar,

y busco mi pañuelo,

que no sé dónde está,

y recuerdo un balcón

que estaba en ese lugar...

 

¡Oh, minas de Vila Rica,

santa Virgen del Pilar!

Dicen que eran minas de oro...

—para mí, de Rosalgar,

para mí, una doncella muerta

por el orgullo de mi padre.

(¡Oh, pobre mano de la locura,

que mataste por amor!)

Mira esta herida

que hizo tu daga:

filo dorado, empuñadura dorada,

¡nadie puede sacarla!

¡Cuánto tiempo hace que morí!

Y sigo sufriendo.






ROMANCEIRO DA INCONFIDÊNCIA

(fragmentos)

 


ROMANCE IV OU DA DONZELA ASSASSINADA

 

“Sacudia o meu lencinho

para estendê-lo a secar.

Foi pelo mês de dezembro,

pelo tempo do Natal.

Tão feliz que me sentia,

vendo as nuvenzinhas no ar,

vendo o sol e vendo as flores

nos arbustos do quintal,

tendo ao longe, na varanda,

um rosto para mirar!

 

“Ai de mim, que suspeitaram

que lhe estaria a acenar!

Sacudia o meu lencinho

para estendê-lo a secar.

Lencinho lavado em pranto,

grosso de sonho e de sal,

de noites que não dormira,

na minha alcova a pensar,

– porque o meu amor é pobre,

de condição desigual.

 

“Era no mês de dezembro,

pelo tempo do Natal.

Tinha o amor na minha frente,

tinha a morte por detrás:

desceu meu pai pela escada,

feriu-me com seu punhal.

Prostrou-me a seus pés, de bruços,

sem mais força para um ai!

Reclinei minha cabeça

em bacia de coral.

Não vi mais as nuvenzinhas

que pasciam pelo ar.

Ouvi minha mãe aos gritos

e meu pai a soluçar,

entre escravos e vizinhos,

– e não soube nada mais.

 

“Se voasse o meu lencinho,

grosso de sonho e de sal,

e pousasse na varanda,

e começasse a contar

que morri por culpa do ouro–

que era de ouro esse punhal

que me enterrou pelas costas

a dura mão de meu pai

sabe Deus se choraria

quem o pudesse escutar,

– se voasse o meu lencinho

e se pudesse falar,

como fala o periquito

e voa o pombo-torcaz...

 

“Reclinei minha cabeça

em bacia de coral.

Já me esqueci do meu nome,

por mais que o queira lembrar!

 

“Foi pelo mês de dezembro,

pelo tempo do Natal.

Tudo tão longe, tão longe,

que não se pode encontrar.

Mas eu vagueio sozinha,

pela sombra do quintal,

e penso em meu triste corpo,

que não posso levantar,

e procuro o meu lencinho,

que não sei por onde está,

e relembro uma varanda

que havia neste lugar...

 

“Ai, minas de Vila Rica,

santa Virgem do Pilar!

dizem que eram minas de ouro...

– para mim, de rosalgar,

para mim, donzela morta

pelo orgulho de meu pai.

(Ai, pobre mão de loucura,

que mataste por amar!)

Reparai nesta ferida

que me fez o seu punhal:

gume de ouro, punho de ouro,

ninguém o pode arrancar!

Há tanto tempo estou morta!

E continuo a penar.”




*




ROMANCE XXX O LA RISA DE LOS ARRODEROS

 

Pasó un loco a caballo.

Pasó un loco diciendo

que esta era una gran tierra

y que iba a liberarla.

 

Pasó montado en un caballo ruano.

Y, sin detener al animal,

habló contra el gobierno,

contra las leyes de Portugal.

 

Somos simples arrieros,

caminando por estos campos.

El loco ya debe estar lejos:

pero aún lo vemos en el aire...

 

Señalando las montañas, dijo

que esta es una tierra incomparable,

que bajo estos pastos

hay un rico metal...

 

—Por eso nos reímos así,

que nos reímos sin parar,

porque hay gente que no

está bien de la cabeza.

 

¡Ah, si el capitán general

estuviera con nosotros!

Y el loco también nos dijo:

“¡Lleven mucha pólvora y sal!”

 

Por eso reímos tanto...

Pero, cuando regrese,

tendremos la tierra libre,

a menos que, por alguna desgracia,

 

lo encierren en un calabozo,

y, por sentencia real,

lo obliguen a subir a la horca,

a una muerte natural...





ROMANCE XXX OU DO RISO DOS TROPEIROS

 

Passou um louco, montado.

Passou um louco, a falar

que isto era uma terra grande

e que a ia libertar.

 

Passou num macho rosilho.

E, sem parar o animal,

falava contra o governo,

contra as leis de Portugal.

 

Nós somos simples tropeiros,

por estes campos a andar.

O louco já deve ir longe:

mas inda o vemos pelo ar...

 

Mostrando os montes, dizia

que isto é terra sem igual,

que debaixo destes pastos

é tudo rico metal...

 

– Por isso é que assim nos rimos,

que nos rimos sem parar,

pois há gente que não

leva a cabeça no lugar.

 

Ah, se conosco estivesse

o capitão-general!

E também nos disse o louco:

“Levai bem pólvora e sal!”

 

Por isso é que rimos tanto...

Mas, quando ele aqui tornar,

teremos a terra livre,

– salvo se, por um desar,

 

o metem numa enxovia,

e, por sentença real,

o fazem subir à forca,

para morte natural...




*




ROMANCE LI O DE LAS SENTENCIAS

 

El peso del mundo se acerca,

con sus duras sentencias.

Sobre la mentira y la verdad,

caen las mismas penas.

Se pudren en los calabozos,

juntas, la culpa y la inocencia.

El mar embravecido se las llevará,

para que en la distancia se olviden,

las razones de los desafortunados,

el vestigio de sus quejas,

la huella de sus pasos,

su inútil presencia.

 

El peso de la muerte se acerca,

con sus andamios rojos,

con sus poderosas cuerdas,

con sus hachas siniestras,

con sus infames postes,

para los cuerpos desmembrados;

La jurisprudencia viene

a interpretar cada caso,

y el Reino está muy lejos,

y hay mucho oro en la grava,

y la Justicia es más severa

con los hombres más desarmados.

 

El peso de la usura se acerca,

bien calculado y medido.

Virreyes, gobernadores,

cancilleres y ministros,

por ser tan buenos vasallos,

ya no piensan en sus amigos:

pero hay mucho oro en lingotes,

en secreto, en camino;

pero hay piedras, pero hay ganado,

que presta tanto servicio,

que los culpables con dinero,

siempre escapan al castigo.

 

El peso de la vida se acerca,

el peso del tiempo se acerca:

pregunta por los culpables

que no sufrirán tormento,

y por los nombres ocultos de aquellos

que nunca fueron encarcelados.

Ante la sangre de la horca,

y las barcas del exilio,

juzga a los dueños de la Justicia,

sus balanzas y precios.

Y contra sus crímenes, se pronuncia

la sentencia de desacato.

 

 


ROMANCE LI OU DAS SENTENÇAS

 

Já vem o peso do mundo

com suas fortes sentenças.

Sobre a mentira e a verdade

desabam as mesmas penas.

Apodrecem nas masmorras,

juntas, a culpa e a inocência.

O mar grosso irá levando,

para que ao longe se esqueçam,

as razões dos infelizes,

a franja das suas queixas,

o vestígio dos seus rastros,

a sua inútil presença.

 

Já vem o peso da morte,

com seus rubros cadafalsos,

com suas cordas potentes,

com seus sinistros machados,

com seus postes infamantes

para os corpos em pedaços;

já vem a Jurisprudência

interpretar cada caso,

– e o Reino está muito longe,–

e há muito ouro no cascalho,

– e a Justiça é mais severa

com os homens mais desarmados.

 

Já vem o peso da usura,

bem calculado e medido.

Vice-reis, governadores,

chanceleres e ministros,

por serem tão bons vassalos,

não pensam mais nos amigos:

mas há muita barra de ouro,

secretamente, a caminho;

mas há pedras, mas há gado

prestando tanto serviço

que os culpados com dinheiro

sempre escapam aos castigos.

 

Já vem o peso da vida,

já vem o peso do tempo:

pergunta pelos culpados

que não passarão tormentos,

e pelos nomes ocultos

dos que nunca foram presos.

Diante do sangue da forca

e dos barcos do desterro,

julga os donos da Justiça,

suas balanças e preços.

E contra os seus crimes lavra

a sentença do desprezo.




*




ROMANCE LXII O DEL BORRACHO INCRÉUDO

 

Vi al penitente con una soga al cuello.

La muerte era lo de menos:

el alboroto era más importante.

Si morir es triste,

¿por qué tanta gente salió a la calle con caras felices?

 

(¡Oh, Dios, hombres, reyes, reinas...!

Vi la horca, y volví.

¡Tenía los palos rojos!)

 

Sonaban las campanas,

resonaban los tambores,

había uniformes,

caballos con flores...

—Si eras un criminal,

¿por qué tantos gritos,

terciopelos y sedas por todas partes?

 

(¿Cuándo me responderás?)

 

Parecía un santo,

con las manos atadas,

entre cruces,

banderas y espadas.

—Si la sentencia ya se conocía,

¿por qué demoraban

su agonía?

 

(Yo no lo sabía. Nadie lo sabía.)

 

Le trajeron canastas

de dulces y vino,

para darle fuerzas

para el viaje.

Si estaba condenado

y lo iban a ejecutar,

¿por qué querían que muriera fuerte?

 

(Nadie lo sabía. Yo no lo sé.)

 

No era una celebración.

No era un funeral.

No era cierto

y no era un error.

Entonces, ¿por qué escuchamos

salmos y letanías,

si todo es la voluntad

de nuestra Reina?

 

(¡Dios, hombres, reinas, reyes...

¡Qué gran desgracia la mía!

—¡Jamás os comprenderé!)

 

 


ROMANCE LXII OU DO BÊBEDO DESCRENTE

 

Vi o penitente

de corda ao pescoço.

A morte era o menos:

mais era o alvoroço.

Se morrer é triste,

por que tanta gente vinha

para a rua

com cara contente?

 

(Ai, Deus, homens, reis, rainhas...

Eu vi a forca – e voltei.

Os paus vermelhos que tinha!)

 

Batiam os sinos,

rufavam tambores,

havia uniformes,

cavalos com flores...

– Se era um criminoso,

por que tantos brados,

veludos e sedas

por todos os lados?

 

(Quando me respondereis?)

 

Parecia um santo,

de mãos amarradas,

no meio de cruzes,

bandeiras e espadas.

– Se aquela sentença

já se conhecia,

por que retardaram

a sua agonia?

 

(Não soube. Ninguém sabia.)

 

Traziam-lhe cestas

de doce e de vinho,

para ganhar forças

naquele caminho.

– Se era condenado

e iam dar-lhe morte,

por que ainda queriam

que morresse forte?

 

(Ninguém sabia. Não sei.)

 

Não era uma festa.

Não era um enterro.

Não era verdade

e não era erro.

– Então por que se ouvem

salmo e ladainha,

se tudo é vontade

da nossa Rainha?

 

(Deus, homens, rainhas, reis...

Que grande desgraça a minha!

– Nunca vos entenderei!)




*




ROMANCE LXXXI O DE LOS ILUSTRES ASESINOS

 

¡Oh, grandes oportunistas,

encorvados sobre el papel,

que calculan el mundo y la vida

en cuentos, dobles, cruces,

que trazan vastas rúbricas

y signos entrelazados,

con plumas altas y delgadas,

¡empapadas de pecados!

 

¡Oh, personajes solemnes,

que arrastran sus apodos,

como pavos reales dorados y verdes,

sus vestiduras resplandecientes,

todo este poder que poseen

confunde sus sentidos:

la gloria que aman pertenece a aquellos

que son perseguidos por ustedes!

 

Levántense de esas mesas,

salgan de sus marcos,

vean qué oscuras mazmorras,

qué seguras fortalezas,

qué pesado peso de grilletes,

qué profundos sepulcros,

nacidos de sus plumas,

¡de sus firmas!

 

Considerad el misterio

de las necedades humanas,

y el polo siempre incierto

de los hombres y los destinos.

Por sentencias, por decretos,

queríais parecer divinos;

y hoy sois, en el tiempo eterno,

como ilustres asesinos.

 

¡Oh, orgullosos poseedores de títulos,

tan desdeñosos y altivos!

Por una austeridad ficticia,

vanas razones, falsos motivos,

matasteis en vano;

vuestros muertos están más vivos que nunca;

y, desde lejos, os miran con

grandes ojos reflexivos.

 

 


ROMANCE LXXXI OU DOS ILUSTRES ASSASSINOS

 

Ó grandes oportunistas,

sobre o papel debruçados,

que calculais mundo e vida

em contos, doblas, cruzados,

que traçais vastas rubricas

e sinais entrelaçados,

com altas penas esguias

embebidas em pecados!

 

Ó personagens solenes

que arrastais os apelidos

como pavões auriverdes

seus rutilantes vestidos,

– todo esse poder que tendes

confunde os vossos sentidos:

a glória, que amais, é desses

que por vós são perseguidos.

 

Levantai-vos dessas mesas,

saí das vossas molduras,

vede que masmorras negras,

que fortalezas seguras,

que duro peso de algemas,

que profundas sepulturas

nascidas de vossas penas,

de vossas assinaturas!

 

Considerai no mistério

dos humanos desatinos,

e no polo sempre incerto

dos homens e dos destinos!

Por sentenças, por decretos,

pareceríeis divinos:

e hoje sois, no tempo eterno,

como ilustres assassinos.

 

Ó soberbos titulares,

tão desdenhosos e altivos!

Por fictícia austeridade,

vãs razões, falsos motivos,

inutilmente matastes:

– vossos mortos são mais vivos;

e, sobre vós, de longe, abrem

grandes olhos pensativos.

 

 

 

 ***




Cecília Meireles

(Brasil, 1901-1964). Dondequiera que vayamos, nos acompañan las bailarinas de Cecília Meireles, sus damas a quienes ni el aire ni el mar pueden aplacar, con sus amores y sus fabulosas aventuras. Esta mujer, que tanto deseaba enseñarnos el arte de ser felices, trascendió las limitaciones políticas y nacionalistas de muchos de sus contemporáneos. Incluso al adentrarse en aspectos históricos nacionales, supo comprender la dimensión precisa de su país, el entorno estético que contribuiría a moldear, con una ligereza intrépida y el tapiz de espejos que tejía para que sus mujeres pudieran hablar con Dios. Pocos poetas en Brasil han explorado la inmensidad del mundo con gestos tan sencillos. Este era su laberinto infalible, la poesía sublime de su vida. Poeta, traductora, dramaturga y columnista, Cecília viajó a varios países de América, así como a algunos países europeos, Israel e India. Dominaba el inglés, el francés, el italiano, el alemán, el ruso, el español, el hebreo y dialectos del grupo indoiraní, además de haber aprendido sánscrito e hindi. Tradujo obras de Charles Dickens, François Perroux, Alexander Pushkin, Rainer Maria Rilke, Virginia Woolf, Federico García Lorca y Li Po, entre otros. Su extensa obra poética incluye títulos como Viagem (1939), Vaga música (1942), Mar absoluto (1945) y Romanceiro da Inconfidência (1953).