Muerte natural - Damsi Figueroa Verdugo
Solo las niñas / se dan el verdadero trabajo de entender. Colocan / esfuerzos –suficientes- / en la única tarea / que nadie, absolutamente nadie, / jamás les encomendaría /
Damsi Figueroa Verdugo
Muerte natural
KURRAPALIWE
Río arriba, por el rastro de los lavaderos de oro
Cuídate del cuero, me dicen, del yepo, de los nidos que devoran gente,
Cuídate de los brujos con cabeza de Tue Tue
Escarbo en la arena rubia
Toco metawes que no recojo
Una culebra surca el agua,
las arañas se encabritan y un relámpago de día ciega azul
(No temo) Nada le robo a la tierra
Ni el oro, ni el barro, ni el nombre secreto de las piedras
Mis huellas evanescen con el día
Nada me llevo de esta tierra porque nada dejo
El asombro solamente
El asombro
MUERTE NATURAL
Solo las niñas
se dan el verdadero trabajo de entender. Colocan
esfuerzos –suficientes-
en la única tarea
que nadie, absolutamente nadie,
jamás les encomendaría
Una mañana, levantan la cara al sol y comienzan a intuir
la esencia de la vida.
Y por la tarde, y a veces, incluso
antes del medio día,
ya han visto la cara de la muerte sonriente, a su lado,
acompañando las labores de la madre
Prematura es la vida del verso sobre una página escrita con garabatos
Ellas descubren
como el mundo no está hecho de palabras.
Luego, deben transcurrir años, para
que recién puedan expresar (en palabras)
esa única verdad.
Se les va la vida en aprender a escribir lo incontestable
En seguida, se vuelven silenciosas
y construyen escondites donde no penetran los adultos,
sus leyes, ni las leyes de la física,
ni las leyes del dolor, ni las leyes del sometimiento.
Desde esos minúsculos mundos compartidos
con insectos y fantasmas
planean,
planifican,
y logran
-sí, logran-
comprender
Ya han visto todo a esos escasos cinco años,
desde debajo de una silla,
pegadas al fondo de un ropero,
acurrucadas dentro de un cajón
Ya han descifrado el torbellino de la existencia,
sus golpes, sus latidos, olas de vida vibrante palpitando
y resonando
en el silencio
de los rincones
y el olor
Ese olor a usado y guardado,
a desechado, ese olor a olvido
colma su entendimiento
Y ya saben todo de la vida
antes de vivirla
ya entendieron
LA CASA DEL ÁNGEL
(poema desplegable)
Una habitación donde quepa un ángel
cómodamente sentado
Un perchero donde pueda colgar sus alas
un velador donde pueda colgar su aureola.
Ni sillas, ni cama
(Un ángel vive desvelado)
Una libreta pequeña y un lápiz
donde pueda anotar
ciertos asuntos: matemáticas divinas, por ejemplo
Un viejo estetoscopio de madera
con el que pueda auscultar los latidos de la tierra
Sin piso, sin paredes, sin ventanas
Un reloj de pie, algunas flores,
abejas, falenas y san Juanes,
dorados, verdes, tornasoles
Un horizonte, amplio, poblado de álamos,
blancas nubes
Sin espejos, para que no recuerde
su invisible estado de sol puro
Un ángel peca
de ser simplemente
un huésped en mansión de bonhomía
bello, calvo, esbelto o tieso
Un ángel invocado
nunca sea más que eso
Una forma de besar los labios de la muerte
abrazar la luz del día
y sentir la soledad entibiándonos los huesos
ROMANCE DEL COLOR AZUL
Alguien inventó el color azul para sellar mi tristeza
Alguien cruzó el mar con un cántaro de color azul entre las manos
y derramó ese cántaro en los ojos de mi madre
Alguien se durmió con el cántaro vacío a los pies de su cama
Alguien despertó con la luz del sueño arrobándole la cara
Alguien llama a un pájaro y a otro pájaro
para que toquen su ventana
Alguien con besos azules la despierta cada mañana
Alguien ríe la risa azul y canta
la melodía más azulada
Nadie creería nunca cuán azul es su sangre
Nadie creería nunca cuán azul es su alma
Alguien tiene sobre el pecho inquieto
las dos manos azules cruzadas
Alguien revuelve papeles
bajo la luz azul de una lámpara.
Alguien recita romances
La niña negra y Las tres hermanas
Alguien escribe y escribe con tinta azul una larga carta
Alguien escribe y escribe una carta azul que nunca manda
Alguien se recuesta callado
junto al cuerpo azul de la marejada
Alguien escucha su corazón azul
romper como las olas bravas
Alguien peina su pelo
enredado como verdes algas
Alguien confunde el cielo
con el abismo de su mirada
Alguien quiere quererla y en el intento naufraga
Alguien busca a la mujer azul
Alguien la busca y la llama
Alguien olvida su nombre y se pierde en su propia casa
Alguien quiere quererla, pero apenas sabe soñarla
LA DISTANCIA RELATIVA DE UNA ISLA
La distancia relativa de una isla
está dada por las condiciones del viento,
la violencia de las mareas,
el sobre equipaje en los aeropuertos, que en general está compuesto
por exceso de añoranzas
o deseos ocultos de muerte o de abismo.
Así, todo viaje de acceso a estas fugas transocéanas
depende, en todo caso, en cuanto a distancia y tiempo se refiere,
al vínculo que uno tenga con ellas.
Por ejemplo, yo, que me crié mirando fijamente a la distancia
la isla Quiriquina, imaginando su pura inexistencia
y olvidando su realidad de tumba y de presidio
y que solo la visité una vez siendo niña
en un paseo escolar junto a mi madre y mis hermanos…
Para mí, esta isla, estaba cerca
Está por la impotencia de niña frente al miedo y la injusticia.
Está frente a la muerte de mi abuela
y a su silueta ausente en esa ventana de edificio,
desde donde veíamos aparecer y desaparecer ese misterioso girón de tierra
Así aprendí la fantasía, viendo ir y venir esa montaña en el mar de mi infancia,
viéndola desaparecer y aparecer entre la bruma como una ilusión la justicia,
viéndola desaparecer tras la lluvia que borra todas las palabras
y las transforma en náufragas promesas
Así crecí y así moría mi inocencia cada día,
junto a los ángeles custodios que saltaban de los cables a las nubes,
junto a mi devoción por la virgen de los gorriones
Así crecí y así nacía la poesía dentro de mí,
como una isla especular que me latía,
como un volcán silencioso de lava y de preguntas
Había que salir al balcón cada mañana,
había que asomarse a la ventana en medio del invierno
a ver que la isla no se hubiese fugado para siempre.
Tenía que ver, estirar el cuello, en mi caso, subirme a una silla, saltar en la cama,
en acrobacia peligrosa aferrarme a los marcos oxidados.
Limpiar los cristales, si era necesario,
del vapor de la angustia y la cazuela,
para comprobar, para asegurarme que allí estaba
tan misteriosa como siempre
y algunas veces más lejana
Hubo un tiempo en que mi abuela no paraba de coser
y la pesada estructura de su máquina de fierro
obstaculizaba el viejo mirador de mi destino
Sentada en su silla de artista pedaleaba día y noche en sagrado afán,
y yo, que tanto la amaba, no podía interrumpir su rito creador
Entonces, subí a escondidas la escalera del edificio y golpeé una puerta del piso de arriba
Señora, dije, a una mujer que, como mi abuela, lucía el delantal de la hacedora del mundo
Señora, busco una isla, y aunque usted no sepa
o no me entienda, es imperioso que me deje entrar para verla
Señora, yo no quiero ver sus cosas ni me importa conocerla a usted
Solo quiero sentir ese frío audaz de la vidriera y asomarme
al abismo de su transparencia.
Solo quiero dejar estampado el eco de mi aliento sobre la retina de su casa
que no es la retina de mi casa, pero en este caso es como si lo fuera
Cerró la puerta sin decirme nada, nadie,
muy pocas personas, quizás ninguna entendería,
cuán importante es la visión para una niña
que debe custodiar la memoria y la distancia relativa de una isla
CARTA AL YETI
Hemos estado pensando en ti, querido Yeti,
en las justas razones que tuviste para darnos la espalda,
y avanzar empinando tu lomo lunar por las escarpadas montañas
Ni entre los monjes hallaste paz
Solo la nieve te vio como igual y te abrigó el corazón descalzo
Las cosas han cambiado desde entonces
han bajado de los cerros
han emergido desde los lagos otros seres abominables,
maravillosos e indispensables como tú
para desdibujar los límites de la imaginación humana
Si vuelves
juntos podemos esperar la navidad
y aunque acá no hay nieve
podremos reflejarnos en las vidrieras rotas de los escaparates saqueados
ya no tendrás que volver a esconderte
Yeti, nunca más
El mundo del que huiste se está acabando
El mundo que dejaste atrás está devorando al águila
se está comiendo el sol
Prometeo desatado camina con su fuego bajo el mar
Los bosques arden y muy pronto el último glaciar de tu desvelo
arderá inevitablemente
En único nido posible será el del corazón
Y si vienes, si vienes pronto
podrás verlo arder también, querido Yeti
Ahora, si estimas en más la vanidad de tu destierro,
lo entenderé
Existe la probabilidad de que Wislawa tuviera razón
y la esperanza no sea más que un síntoma del olvido
y las mujeres sigan pariendo hijos entre las ruinas
Pero ahora es distinto
eso queremos creer mientras te escribo estas líneas
La paratopía solo es posible
si regresas, querido Yeti
POEMA PARA MUCHOS AÑOS DESPUÉS
Algunos salen de una vez
Hay otros, que deben ser pacientemente trabajados
bajo la tenue luz de una lámpara
durante las largas horas del amor
Faena interminable que deja marcas en el cuerpo
y el corazón derramado en un vaso puesto al revés
¿Qué es?
-De Muerte natural (2021, Del Archivo ediciones, Concepción) Fueron incluidos también, en su última versión, que comparto aquí, en Signos vitales (obra selecta, 2022, Ediciones Aparte, Arica)
***
Damsi Figueroa Verdugo
Talcahuano, 1976. Ha publicado Judith y Eleofonte (1995, Letra Nueva, Concepción/ 2011, Libros D Nébula, Concepción); Cartografía del éter (2003, Ediciones del Temple, Santiago); De visita en la casa del caracol (2016, Amukan, Concepción); Poemonitos (2021/2025, Amukan, Concepción); Muerte natural (2021, Del Archivo, Concepción); Signos vitales (2022, Aparte, Arica); El cumpleaños de la puma (2026, Amukan, Concepción).
Tempranamente, su poesía fue incluida en antologías y revistas literarias, entre las que destacan Latitudes extremas (2003, G. Rojas, E. Hansen, Madrid); Cantares (2004, R. Zurita, LOM, Santiago); Poètes chiliens (2010, C. Gaete, G. Yáñez, Revista Po&sie, n 131-132, París); The other tiger (2016, Richard Gwyn, Glasgow, Escocia); Resistencia en la tierra (2014, F. Díaz Granados, Ocean Pres & Ocean Sur, Nueva York); Giovane poesía latinoamericana (2015, M. Meléndez, trad. G. Darconza, Raffaelli Editore, Italia); Nuestra América es un verso (2021, Z. Mariana, F.C.E. Perú); El cielo será como un río (2022, M.J. Barros, R. Carreño, F.C.E, Chile).
Fue reconocida con el Premio Municipal de Arte de su ciudad natal el año 2010 y el Premio a las Artes Literarias Baldomero Lillo de la región del Biobío el año 2022. Desde 2013 es directora artística de Amukan Editorial.