Cecília Meireles

(Brasil, 1901-1964). Dondequiera que vayamos, nos acompañan las bailarinas de Cecília Meireles, sus damas a quienes ni el aire ni el mar pueden aplacar, con sus amores y sus fabulosas aventuras.

Cecília Meireles


(Brasil, 1901-1964). Dondequiera que vayamos, nos acompañan las bailarinas de Cecília Meireles, sus damas a quienes ni el aire ni el mar pueden aplacar, con sus amores y sus fabulosas aventuras. Esta mujer, que tanto deseaba enseñarnos el arte de ser felices, trascendió las limitaciones políticas y nacionalistas de muchos de sus contemporáneos. Incluso al adentrarse en aspectos históricos nacionales, supo comprender la dimensión precisa de su país, el entorno estético que contribuiría a moldear, con una ligereza intrépida y el tapiz de espejos que tejía para que sus mujeres pudieran hablar con Dios. Pocos poetas en Brasil han explorado la inmensidad del mundo con gestos tan sencillos. Este era su laberinto infalible, la poesía sublime de su vida. Poeta, traductora, dramaturga y columnista, Cecília viajó a varios países de América, así como a algunos países europeos, Israel e India. Dominaba el inglés, el francés, el italiano, el alemán, el ruso, el español, el hebreo y dialectos del grupo indoiraní, además de haber aprendido sánscrito e hindi. Tradujo obras de Charles Dickens, François Perroux, Alexander Pushkin, Rainer Maria Rilke, Virginia Woolf, Federico García Lorca y Li Po, entre otros. Su extensa obra poética incluye títulos como Viagem (1939), Vaga música (1942), Mar absoluto (1945) y Romanceiro da Inconfidência (1953).